El “otro” Ollanta Humala

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Por: Alejandro Mejía Tarazona

Dedicado a S.T, por esos momentos de alegría a diario y por creer en mí con una sinceridad especial.  

El jueves pasado, el diario periodístico “Perú21” lanzó un titular totalmente sensacionalista: “El otro Chávez”, haciendo referencia directa a Humala. Del mismo, durante los últimos días, se han venido dando cuestionamientos hacia las acciones llevadas a cabo por Ollanta Humala frente a coyunturas, como las elecciones en Venezuela en las cuales Maduro resultó ganador y, del mismo modo, con respecto a la intención del gobierno de comprar la refinería de La Pampilla que pertenece a la empresa española Repsol. Los ataques han venido desde diversas bancadas parlamentarias que ponen en tela de juicio el manejo de la política exterior peruana y el rol empresarial del Estado, ante temores de un posible giro radical hacia el tan recordado plan de la “Gran Transformación”. Sin embargo, es necesario ir más allá del debate y entender el trasfondo político que hay detrás de ambos sucesos.

La proclamación de los presidentes sudamericanos que conforman UNASUR desde Lima, legitimando el triunfo de Nicolás Maduro en Venezuela, y el viaje de Humala al país caribeño como invitado en la investidura del líder chavista, han originado críticas desde los sectores más conservadores del gobierno, desde Vargas Llosa hasta el fujimorismo. Sin embargo, ambas medidas en materia de política exterior, solo pueden ser entendidas desde una defensa del liberalismo económico. El no haber reconocido el triunfo de Maduro significaba romper vínculos económicos con Venezuela y, respectivamente, con La Paz, Quito (aliados del régimen bolivariano) y Buenos Aires (Venezuela tiene bonos comprados de la deuda externa argentina).

Es así que, en la política exterior, más que el discurso político, es una defensa de los vínculos comerciales del Estado peruano. Debido al liderazgo de Caracas sobre cuestiones de integración regional (como la creación de UNASUR), los gobiernos sudamericanos, hasta los más afines hacia Estados Unidos (como Chile y Colombia), han reconocido el triunfo del chavismo en Venezuela y no han tenido oposición alguna. Entonces, ¿de qué se queja la derecha peruana? ¿Acaso no se defiende el modelo neoliberal? ¿O es que ahora quieren “promocionar” la democracia peruana como ejemplo en Sudamérica antes que priorizar los intereses económicos del Estado? Pues, más ligados está el Perú a la Alianza del Pacífico que al ALBA. Hay temores que carecen de sentido alguno.

El mismo miedo desde la derecha va enfocado a criticar el rol que pretende asumir el Estado con la compra de una refinería petrolera en manos de privados. El hecho de querer evitar acciones que rememoran los viejos tiempos de estatizaciones bajo el Velasquismo, no es un argumento válido por dos razones: En primer lugar, las encuestas señalan que los peruanos están de a favor de un mayor fortalecimiento de PETROPERÚ y esto no deber ser entendido como una demanda total por una estatización de sectores estratégicos de la economía (como el caso de Bolivia y el YPFB). En segundo lugar, caer en una comparación exagerada y, grotesca a la vez, entre el Velasquismo y la posible decisión del gobierno de comprar La Pampilla, es caer en el juego político de una derecha que mantiene en constante evaluación al gobierno de Humala, recurriendo a infundir falsos temores a través de medios periodísticos alineados con sectores conservadores. La derecha tiene un solo interés: preservar las bases de un modelo de economía neoliberal sin perder su influencia en el control de la agenda del gobierno actual.

Si bien varios sectores que apoyaron inicialmente a Ollanta Humala aguardan un retorno hacia puntos importantes de la “Gran Transformación”, estos  pueden seguir esperando. Pensando en cambios posibles hacia el 2016, se ve poco probable que se puedan tomar medidas drásticas en cuestiones de alianzas regionales con países del eje bolivariano, así como un proceso gradual de estatizaciones de empresas privadas. Humala sabe que rumbo al 2016 se juega el futuro del Partido Nacionalista y su reelección a través de la figura de Nadine Heredia. Si bien el llevar a cabo medidas radicales respondería al electorado que lo apoyo en sus inicios, él sabe que las elecciones se definen en Lima donde predomina un electorado conservador y que no puede darse el lujo de perderlo. Todo es parte del juego político y de los intereses que motivan el accionar de diversos actores en coyunturas especiales.

Publicado el abril 28, 2013 en Columna Dominical y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Argumento válido sobre el motivo del viaje del Presidente Ollanta Humala a Venezuela y reconocimiento a Maduro como Presigente legítimo de la República de Venezuela, ya que la Razón de Estado en el proceso de Globalización en todas sus dimensiones se define principalmente por el Liberalismo Económico e Intercambio Comercial, asi que una acción contraria al reconcoimiento de la reelección partidaria del Chavismo habría ocasionado una situación de recelo político con afectación económico, comercial y diplomática con los principales países de la región, entre ellos Brasil que viene desarrollando una política exterior de fortalecimiento de la integración Bolivariana y principales proyectos de inversión de integración económica con el Perú tomando como ejemplo la InterOceánica, que fortalecerá sin duda alguna el dinamismo comerical entre ambas economías.
    Asi que el Perú ha sabido mover las piezas del tablero en materia diplomática y comercial ya que por un lado enarbola la bandera del modelo Liberal económico al suscribirse a la Alianza del Pacifíco con pasies afines al modelo Liberal y otras economías a nivel internacional y a su vez reconociendo el Gobierno Venezolano y por ende legitimando a todo el movimiento Bolivariano en Sudamerica. El Gobierno actual parece haber diseñado una politica exterior dualista exitosa (solo rechazada por el conservadurismo anárquico de las fuerzas políticas internas) priorizando la Razón de Estado (Categoría desarrollada claramente por el Cardenal de Richelieu en La Diplomacia de Henry Kissinger) por encima de valores y moralidades evitando un mal mayor.

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