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A Propósito de las Ratas…

Andrés Vílchez 2

Por: Andrés Vílchez

En los últimos días hemos visto como en las redes sociales circulaba el video de un pequeño roedor paseando libremente por los pasillos de un conocido restaurante de comida rápida (KFC de Plaza San Miguel). Recuerdo haber pisado ese local varias veces, en mis épocas de carnívoro empedernido, más o menos hace unos 3 a 4 años atrás, cuando no sabía mucho acerca de cultura alimentaria y menos el porqué de mi gastritis crónica, que vale la pena mencionar, por más que tomaba los medicamentos que el médico me recetó y 3 litros de agua al día y 9 meses de tratamiento, no hicieron ningún efecto. Un día de esos, en los que das vueltas y vueltas en la cama sin saber porque y no te queda otra salida más que quedarte despierto pensando en el porqué de todas tus dudas existenciales, se me vino a la mente un artículo que leí sobre la comida chatarra y empecé a indagar sobre el tema. En 1 hora me empapé en el asunto y comprendí todo. El problema era mi adicción a las Mega Dobles, Big Crunchs y Twistters.

Las repercusiones de la comida chatarra en la sociedad actual son muy graves, estamos hablando desde obesidad y problemas cardiovasculares, hasta daño cerebral y cáncer. Según estudios publicados en la prestigiosa revista Neurology, “Se encontró un gran vínculo entre los niveles altos de grasas trans, la reducción del volumen cerebral y de las capacidades cognitivas”. El estudio indicó que consumir alimentos altos en grasas trans, en su mayoría comida chatarra, como dulces procesados y carnes rojas grasosas, pueden causar daños cerebrales”.

Saquemos la lupa del segundo cajón y demos un vistazo más profundo en este asunto. Según datos de la OMS (Organización Mundial de la Salud), mil millones de adultos tienen sobrepeso, y más de 300 millones son obesos. Cada año mueren, como mínimo, 2,6 millones de personas a causa de la obesidad o sobrepeso. Algunos gobiernos ya están tomando algunas medidas para reducir los números nefastos que deja el consumo de estos alimentos, como por ejemplo el gobierno mexicano, que impuso hace poco un impuesto a las bebidas gaseosas y prohibió la publicidad en horario infantil al igual que en nuestro país con la “Ley de la comida chatarra”. Rusia también se unió a la campaña y prepara un proyecto para incentivar a sus empresarios a crear “Fast Foods” con alimentos saludables y, así dejar atrás en la competencia a empresas como McDonalds, KFC o Burguer King.

Lo más lamentable de todo esto es que estas empresas tienen como público objetivo a niños de entre 3 a 15 años y, aun habiéndose prohibido la publicidad televisiva en horarios infantiles, seguimos viendo las insólitas “cajitas felices”, “juguetes coleccionables” y se siguen organizando fiestas infantiles en dichos locales. Es indignante como podemos seguir permitiendo que estos locales sigan inculcándoles a nuestros niños el consumo de estos alimentos tan perjudiciales. Es momento de tomar medidas en el asunto; la OMS ya las está tomando con campañas informativas a nivel mundial, pero no podemos hacer nada si nuestros políticos se hacen de oídos sordos y siguen poniendo telones y más telones para ocultar los temas de verdadera relevancia.

Ronald McDonald y el Coronel Sanders… llegó el momento de la retirada.

Por cierto, me volví vegetariano hace 3 años y bendita solución a mis problemas de gastritis.

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Maracanazo Político

Andrés Vílchez

Por: Andrés Vílchez (UARM)

No no no, esta vez la palabra Maracanazo no tiene nada que ver con fútbol. Esta vez tiene que ver con política. Muchos recuerdan ese día fatídico para nuestro país vecino cuando se organizó por primera vez un mundial en Brasil. Hace más de 60 años específicamente en 1950. Brasil había llegado a la final y con la mayoría de partidos ganados por goleada, su rival, Uruguay. Un país que llegaba de ganar ajustadamente 3 – 2 a Suecia, mientras Brasil lo goleó por 7 – 1 en instancias posteriores. Para los cariocas el mundial ya estaba ganado pero llegó este equipo Uruguayo y les ganó la final por 2 – 1 en su propio país y con un estadio lleno de brasileros donde no cabía un alma. Hubo suicidios, depresión, llanto y mucha tristeza por años, hasta ahora ningún brasilero olvida esa fecha. A este hecho se le denomina “El Maracanazo”. Sin embargo, esta vez fue el mismo gobierno Brasilero quien se lo propinó.

Muchos no entienden que es lo que está ocurriendo, hay muy poca información concreta, solo vemos imágenes de las protestas que se están dando pero la información que llega es prácticamente nula, no nos dan razones contundentes, es tanto así que algunos se preguntan ¿qué problema tienen los brasileros si están organizando un Mundial? deberían estar bien, ¿verdad? Pero aquí hay problemas mucho más profundos y serios. Vamos aclarar un poco más el panorama. Brasil está invirtiendo más de 11 mil millones de dólares en remodelación y modernización de estadios, renovación de pistas, infraestructura y todo lo que implica la organización de este evento para mostrar su mejor rostro ante el selecto público asistente. Si dividiéramos esta cifra en 11 mil personas, cada una se llevaría 1 millón de dólares americanos a sus casas. Ahora que ya entendimos la magnificente inversión que se está haciendo, pongámonos en el lugar de los brasileros teniendo en cuenta estos datos publicados por la BBC:

  • En Brasil el analfabetismo funcional alcanza la cifra de 30 millones 711 mil 473 personas, la cual representa el 35% de la población!
  • La pobre participación de los padres en la vida escolar de los niños y los asuntos de la escuela.
  • La burocracia en exceso en la administración escolar las insuficientes inversiones públicas para satisfacer las necesidades educativas con calidad
  • La existencia de maestros trabajando sin formación específica en áreas determinadas ( especialmente en las regiones más pobres de Brasil)
  •  Los sueldos irrisoriamente bajos de los educadores
  • El uso de métodos de enseñanza anticuados (cuestionarios, las copias de la lección en la pizarra, conferencias sin la participación del estudiante , etc.)
  • La falta de conexión entre los niveles de educación (jardín de infantes, primaria y secundaria).
  • Altas tasas de deserción de los estudiantes debido al fracaso escolar o los problemas financieros, y  la aguda pobreza de  varios sectores poblacionales.

 A esto se suman la expropiación de terrenos alrededor de varios estadios, solo el Minas Gerais se han perpetrado más de 100 expropiaciones. Otro problema surge a partir de la promulgación de la “Ley de la Tierra” que perjudica a miles de indígenas privándolos de parte de sus tierras, muy aparte de la pésima situación de los servicios sanitarios y de los medios de transporte. Con todo esto los brasileros tienen muchas razones para reclamarles a sus políticos y a su presidenta Dilma Rousseff. Es lamentable ver que a pocos días del mundial de futbol, un evento que a muchos siempre nos llena de entusiasmo, se vea un ambiente hostil, lleno de protestas, marchas y enfrentamientos entre la población y policías.

Podemos finalizar este análisis poniendo en obviedad a los políticos brasileros que creían haber creado bienestar organizando un mundial, pero lo que se ha creado ha sido un “Autogol Político”, un “Maracanzo Político”. Debieron pensar en resolver primero sus problemas internos que no son pocos ni pequeños. Invertir en su gente y en sus deficiencias como Estado antes de pensar en organizar un evento que, por más importante que sea para el mundo deportivo y para los espectadores, por el contrario, es una gran pérdida para su gente. Esos 11 mil millones pudieron haber significado una mejora significativa en lo que respecta a educación, transporte público, servicios sanitarios, pobreza y varios problemas internos que ahora salen a relucir. Si Brasil hubiera puesto manos a la obra desde que se supo que el mundial iba a ser organizado en sus tierras hace más de 6 años, esto sería una fiesta total y todos podríamos ver felices el mundial sin sentir el pesar de su gente.

 

 

La Lima se tiñe de Rojo

Andrés Vílchez

Por: Andrés Vílchez

En las últimas semanas todos hemos sido testigos ya sea por las noticias matutinas, por la radio o al pasar cada mañana por el quiosco de toda la vida, acerca de la crisis que vive el transporte público en nuestra capital. Esta situación no es algo nuevo para nosotros los limeños. Es un problema que viene dándose desde hace más de 2 décadas sin que nadie  mueva un dedo y acabe de manera drástica con esta pandemia llamada “transporte público capitalino” que parece haber llegado a su punto más alto en las últimas semanas cuando una videocámara grabó en vivo y en directo como una custer de la empresa Orión se subía a la vereda totalmente descontrolada para terminar atropellando a una mujer y aún así siguió su camino como si nada hubiera pasado, para luego descubrirse que el chofer tenía en su historial más de 15 papeletas graves.

Analicemos esta situación desde sus orígenes, nos subimos a la máquina del tiempo y retrocedemos unos 23 años. Exactamente el 25 de julio de 1991, por cierto muy cerca de nuestras queridas fiestas patrias, cuando nuestro “querido” presidente Alberto Fujimori junto a su primer ministro, Jaime Yoshiwama, promulgan el decreto legislativo 651. Sacamos los anteojos, los desempolvamos  y nos dirigimos al artículo 4 que dice textualmente:

“Autorizase excepcional y transitoriamente a las personas naturales y jurídicas en general, a prestar, bajo su responsabilidad, servicio público de transporte urbano e interurbano de pasajeros en todo tipo de vehículos automotores, salvo camiones y vehículos de dos ruedas.” 

Y eso no es todo. En octubre del 92’, el gobierno derogó todas las restricciones para importación de bienes usados, ósea las empresas importadoras tenían la libertad de traer a nuestro país cualquier cantidad de objetos (entre ellos vehículos) ya sean grandes, pequeños, usados, desarmados, chocados, antiguos, sin ningún impedimento. Es aquí donde empiezan a ingresar automóviles sin control a nuestro país, entre ellos las combis, las custers y el famoso Daewoo tico, este último que todos conocemos y vemos diariamente transitar por las calles de nuestra ciudad. Si, ese pequeño y escurridizo cochecito que todos queremos cuando necesitamos con urgencia un taxi barato pero que todos odiamos cuando estamos en nuestros vehículos y se nos cruzan por delante. Los tres vehículos causantes de la mayoría de accidentes ocurridos en nuestro país en los últimos años.

 Pero este no es el único problema que tiene nuestra Lima querida con respecto al tránsito. No, no, no. Si al principio de este artículo dijimos que el conductor causante de varios accidentes tenía más de 15 multas y aún así seguía transitando significa que no solo falló el presidente Alberto Fujimori en el 91’ y 92’, sino que también hay una muy latente falta de autoridad y de calidad humana con respecto en la sociedad limeña. Yo sé que ninguno de ustedes queridos lectores usuarios del servicio de transporte público está de acuerdo con el servicio que recibe. Diariamente podemos ver cobradores malcriados, sin el más mínimo concepto de lo que es el buen trato y las buenas costumbres, mal vestidos y faltos de aseo, y conductores que no respetan ni a señoras de 80 años y que manejan como si estuvieran en una carrera de fórmula uno, cruzándose y cambiando de carril a cada momento. Buses, Custers y Combis que transitan sin botiquín, con el cinturón de seguridad en mal estado, con asientos de más que no permiten la comodidad del pasajero y sincerándonos un poco más, la música a todo volumen, en su mayoría reggaetón, es sumamente incómoda.

 Finalmente y para cerrar esta columna podemos concluir dando en obviedad que aun así se prohíba el uso de  combis y  ticos que siguen siendo un problema pero no el problema en sí. Aquí el problema es la falta del factor educación en la sociedad limeña y la falta de valores. Este último punto para mí es un 90% del asunto. Como también la falta de autoridad que tiene la policía nacional. Aunque… ¿si los policías fueran personas con mayor educación y valores? ¿Seguirían permitiendo esto?

He ahí el dilema…