Archivo de la categoría: Observatorio Electoral

Entre ciegos y sordomudos

Augusto Balbi

Por: Augusto Balbi

Sea quizá los lunes el día más pesado y aburrido de la semana, pero particularmente el lunes de ayer fue bastante ajetreado. Amanecimos con nuevas denuncias de reglaje a líderes de oposición (García y Fujimori), lo que me lleva a pensar que no es un hecho aislado de este gobierno sino que es y ha sido una práctica de los gobiernos, supuestos favorecimientos a alguien cercano a la hija del ministro Urresti, la renuncia del oficialista Sergio Tejada, el Pleno Extraordinario para debatir la derogatoria de la “ley pulpín” y la 5ta marcha contra esta.

Siendo así, las cámaras de televisión estaban puestas en nuestro parlamento para seguir de cerca el debate que, como ya no es novedad, fue bastante pobre, chato y aburrido. Fuera quizá de las intervenciones de Rosa Mavila y Verónika Mendoza- aunque Aldito Mariátegui diga que tienen un problema cognoscitivo- y si bien no me agrada del todo una buena y contundente de Mauricio Mulder. Así es, no hubo mayor argumento del que ya se había escuchado y oído- lo que me lleva a pensar que en verdad esta ley no fue debatida en el Pleno y pasó por agua tibia al momento de ser aprobada-, con todos los pulpines en la calle en una 5ta marcha nuestro Congreso tuvo quizá la más acertada decisión en años: derogar la ley del régimen laboral juvenil con 91 votos a favor, 18 en contra y 5 abstenciones.

Si bien miles de jóvenes festejaron la derogatoria, lo ocurrido no soluciona nada y es necesario ya derogada la polémica ley, sentarse a dialogar y pensar en afrontar el problema del empleo digno. Si es que se me pregunta, es necesaria una Ley General del Trabajo y erradicar regímenes tan precarios como el CAS, tan solo por poner un ejemplo. Pero lo que realmente quiero resaltar de la jornada de ayer es algo que me escandaliza y preocupa: la IMPERICIA POLÍTICA DEL GOBIERNO.

Sea la derogatoria de la “ley pulpín” la mayor derrota política del gobierno, lo sorprendente es que no es la primera y que las otras fueron muy similares en cuanto al contexto político. Veamos, le pasó con la “ley del servicio militar obligatorio” y con la “ley de aportes obligatorios”, ¿la tercera la vencida? En política no puedes cometer los mismos errores, basta solo con uno.

Este gobierno ha demostrado que tras casi 4 años en el gobierno no ha aprendido a gobernar. Los procesos de acción de gobierno se desenvuelven en un contexto de interacción con los diferentes actores que se verán afectados. Para empezar, se necesita consenso de todas las fuerzas políticas, o mayoría, para emprender una reforma, entendiendo que no toda reforma gozará del respaldo popular. Si lanzas la reforma y no tienes aliados políticos que sostengan contigo el embate de las protestas y descontentos generados por la acción que emprendiste, difícilmente será una decisión exitosa. Luego que toda gran reforma debe ser emprendida, no ad portas de finalizar el gobierno cuando ya estés desgastado por los avatares de gobernar, sino cuando gozas de la mayor popularidad posible: primer o segundo año de gobierno máximo. Y finalmente, la comunicación con la ciudadanía, no a través de spot publicitarios de una página web de algún ministerio sino abriendo canales sinceros de dialogo que te permitan interactuar con la ciudadanía y generar el tan apreciado feedback.

Pues precisamente todo lo contrario hizo el gobierno. Existe una suerte de soberbia que no le permite a Humala consensuar con las fuerzas políticas, pareciera que creyera que dialogar es una demostración de debilidad, de precariedad en el ejercicio del gobierno cuando es todo lo contrario. Gobierno mudo que no busca el dialogo ni con la oposición  y mucho menos con la ciudadanía. Pero si no sentarse a dialogar es malo, ¿Cuánto más malo puede ser el no escuchar? Este gobierno no solo no ha escuchado a la oposición, sino que no ha escuchado al pueblo. Encuestas con rechazo de casi 70% en contra de la ley y 5 marchas de jóvenes no han sido suficientes para que el gobierno se evite la aplastante derrota en el Pleno. Ya que si Humala llamó al Pleno Extraordinario es porque increíblemente creyó que podía pelear la no derogatoria sabiendo que ya tenía la Comisión Permanente perdida. Es decir el gobierno es absolutamente sordo a los consejos de la oposición, a la población en las calles, a sus aliados y por si fuera poco a sus propios miembros- tan solo 17 votos de los 34 que tienen como bancada. ¡Ajá! sí 17 y no 18, uno fue del PPC, el buen Bedoya[1]– sino pregúntenle a Tejada.

Sumada a la sordera política que aqueja el gobierno adolece también de ceguera. Es que Humala pretendió que en medio de reclamos para la investigación de supuestos reglajes a líderes de oposición y la revuelta en las calles de los jóvenes, se le dé la autorización para asistir a la Cumbre CELAC en Costa Rica. Es decir Humala quería que en medio de una crisis política el Congreso le permitiera ausentarse del país. Eso sin contar los desastres naturales en San Martín. ¿Acaso no tiene asesores Humala que le hagan ver la inviabilidad de su pedido? ¿No tiene un parlamentario amigo que le diga la situación del Pleno? Claro canceló su pedido, porque negárselo ya hubiera sido más que vergonzoso.

Esto no es más que la muestra de que Humala- o la pareja presidencial- no tiene la más mínima idea de gobernar tras casi 4 años. Una cosa es ser novato en el gobierno y otra es ser torpe. Esto lleva al gobierno a una profunda crisis, pues ¿con que credibilidad puede emprender futuras reformas o afrontar con fortaleza futuras crisis? La oposición se ha dado cuenta que este gobierno está prácticamente descompuesto no pudiendo ni siquiera hacer un bloque sólido en su bancada. ¿Oportunidad perfecta para quitarle la presidencia del parlamento? Esto es preocupante pues genera un clima de ingobernabilidad a falta de más de 1 año y medio para terminar la gestión.

Esta situación sumada a la actitud bastante represiva del gobierno, es algo que sí me preocupa. Pues la torpeza política está llevando al Ejecutivo a ser cada vez más autoritario en cuanto al ejercicio de la acción de gobierno.

Quedó demostrado que en este gobierno- algo que pienso ya hace bastante tiempo- estamos entre ciegos y sordomudos.

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[1] http://www.scribd.com/doc/253804276/Votacion-que-derogo-la-LeyPulpin

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Lío de Cevicheria

Piero Miranda

Por: Piero Miranda 

Hace algunos días, el sótano de una cebicheria en el centro de Lima, dejo de ser una exposición artística de obras de dirigentes presos de Sendero Luminoso, y paso a convertirse en un ring de pelea. Sin embargo, la confrontación, fiel al estilo de bronca de cevicheria, no vino de dos completos extraños, sino del ya polémico Ministro del Interior Daniel Urresti y de Manuel Fajardo, dirigente del Movadef y abogado de Abimael Guzmán.

El  intercambio de palabras, calificativos y gestos desesperados, quizás embriagados por la cercanía de las cámaras, termino en una caótica  confrontación  de algunos minutos, criticadas por algunos y aplaudida por otros. Sin embargo ¿Que podemos ver fuera de todo este show mediático y declaraciones desafortunadas de ambas partes?

Por un lado, están los que aplauden las declaraciones del ministro Urresti y señalan que era necesaria una confrontación directa de un representante del Gobierno, en este caso del Ministro, contra las filas de Sendero, para justamente hacer prevalecer el papel del Estado y dejar un mensaje claro, que era que no se iba a permitir cualquier acto de apología al terrorismo y que se iba a continuar con la mano dura.

Por otro lado, los que criticaron fuertemente la salida del ministro Urresti, sostienen que su afán de protagonismo hizo que aproveche esta oportunidad para confrontar a un personaje relacionado con la cúpula de Sendero como Manuel Fajardo, y dar la imagen de que siempre va al ruedo sin temor respecto a quien tenga al frente. Sin embargo, lo que más se critica es este confrontamiento, sin argumentos sólidos y basado solamente en la  efervescencia del Ministro, lo que deja finalmente como un revoltoso a Urresti y a Manuel Fajardo y a lo que él representa, en una posición de víctima.

El hecho de que el Ministro Urresti haya salido a confrontar directamente a Manuel Fajardo no es una acción loable ni tampoco catastrófica, pero tenemos que considerar que justamente estos comportamientos más emotivos que racionales, son los que nos ha dejado una etapa que la mayoría da como concluida, que es la del Conflicto Armado Interno, y que con estos encontrones, se avivan los sentimientos que aún revive esta etapa de la historia de nuestro país.

Lo que hay que considerar es que efectivamente, no hace falta una confrontación,  venga de quien venga, con argumentos poco sólidos, pues de esa forma no se avanza en resolver aun la controversia que genera todo lo relativo con Sendero Luminoso, sino que se tiene que buscar espacios de debate, en los que si se podría presentar razones contundentes para censurar a Sendero Luminoso frente a la opinión pública , cuestión que no se logra con medias tintas ni con apasionamientos, que al final no resuelven nada y no hacen más que poner el dedo sobre una llaga que ya tiene más de 20 años.

Por último, es de amplio conocimiento que Sendero Luminoso siempre vende portadas  y es noticia, llevando a acaloradas discusiciones entre líderes de opinión y personajes del Gobierno, que lejos de sellar inteligentemente una época de violencia y enfrentamiento, siguen alimentando los imaginarios y creando más y más desconocimiento frente a una etapa que no nos debe atemorizar debatir y confrontar. Que no nos sorprenda si Urresti sale nuevamente a retar a otro líder Senderista, o si se sigue hablando de que Sendero se sigue reestructurando en las universidades  y/o que las muertes del VRAEM son solo casos aislados.  Estamos avisados.

¿Quién se llevó la brújula?

Piero Miranda

Por: Piero Miranda

Llegó Noviembre, penúltimo mes del año, y con él una serie de noticias que inundan nuestra colorida escena política nacional. El  reciente “escandalo” de Martin Belaunde Lossio debido a su vinculación con asuntos turbios que involucrarían a la pareja presidencial, los enredos del caso López Meneses, la matanza hecha por efectivos del orden en el desastroso intento de desalojo en Cajamarca, la renuncia de la Ministra de Salud Midori de Habich y también la de Francisco Boza del IPD.

Un punto aparte amerita el otrora llamado “Sheriff”, acusado por pertenecer a una organización delictiva y el mediático Ministro del Interior Daniel Urresti, un personaje tanto odiado como amado,  entre muchos otros, completan una parte de los personajes que más se hablan y aparecen en la prensa, muy aparte de los muy ocasionales congresistas y ex presidentes, al que las cámaras y flashes, son su mayor obsesión.

A todo esto, suma una actitud de indiferencia absoluta respecto a lo que se viene en estos 4 años de nueva gestión de alcaldes y presidentes regionales, pues mucho más allá de aquel tibio 5 de Octubre, solo quedó en la memoria inmediata de la ciudadanía el recuerdo de Susana Villarán continuando el corredor Azul, Castañeda Lossio criticando a la saliente gestión, la victoria de Gregorio Santos en Cajamarca y el tan mencionado segundo puesto de  Enrique Cornejo, entre otros.  Pero, ¿Hacia dónde nos llevan todas estas noticias? ¿Qué hay del papel del Gobierno?

Al inicio del Gobierno del presidente Humala, hubo un miedo desmesurado en lo que se refería a la libertad de expresión,  pues  se había corrido el rumor de que él iba a apropiarse de los medios de comunicación y usarlos como plataforma política, para afianzar la “Gran Transformación”. Sin embargo, en la actualidad, podemos observar como Ollanta Humala lo que menos controla son los medios de comunicación, y que estos, supieron posicionarse y ejercer la mayor influencia sobre la agenda del Gobierno en lo que va a la fecha.

Pero, ¿De qué forma han influido los medios de comunicación en el Gobierno de Humala? La respuesta va más allá de portadas o cámaras, pues entre el Gobierno y los medios  hay una mutua necesidad, tanto de los medios por información fresca, como del Gobierno como un canal para visibilizar las obras y acumular aprobación

Es esta misma necesidad entre ambos actores que surge una nueva forma de hacer política, la “Política de las Declaraciones”, que consiste en buscar negociar espacios públicos de gran audiencia a la prensa, para  que los actores políticos declaren frente a diversos temas, sin ser opiniones oficiales muchas, y sin haber una noticia de fondo en sí, solo dando solo su opinión moral al respecto, consiguiendo así, mantenerse en  escena política a favor o contra del Gobierno, y a la prensa conseguir los famosos “ultimominutismos” y choque de declaraciones entre políticos, que por supuesto, da mucha sintonía.

Ya estamos muy próximos a recibir nuevas autoridades en Enero del 2015, pero tal parece que eso poco o nada importa , pues se sigue dejando de lado acontecimientos relevantes acerca de cómo combatir la inseguridad en las ciudades más peligrosas del país, como promover el consenso entre presidentes regionales y el Gobierno Central para mejorar la gobernabilidad, o como mejorar la salud publica en el país, causante de tanta mortandad infantil y, que finalmente,  hacer para que la población retome la confianza en sus autoridades, desterrando el fantasma de la corrupción y del “Roba pero hace obras”.

Para siquiera pensar poner en marcha grandes reformas en el país, es necesario comenzar desde las pequeñas acciones que nos favorezcan de a pocos llegar a esta meta, que es el progreso de nuestro país, no solo en materia económica, sino también en material social y educativa. Podemos tener dudas respecto a las verdaderas intenciones de los medios de comunicación, pero de lo que no se tiene duda alguna, es de la capacidad de hacer grandes acciones, si efectivamente las autoridades y los ciudadanos todos buscan la cooperación y disposición por trabajar por un mismo fin en común reforzando la representatividad y compromiso de la población en temas de su comunidad, llegando así a conseguir engrosar el principal vinculo de la razón de ser de ambos, el desarrollo.

Elecciones democráticas: entre pitucos, caviares e ignorantes(ados)

Gabriel Tristán

Por: Gabriel Tristán 

De las elecciones del pasado domingo se han hecho varios análisis. Se ha criticado la elección de Castañeda, Santos y de más candidatos con un pasado “oscuro” en la política o con cuestionamientos con tema de corrupción. Se ha aducido que la población “tiene lo que se merece” y que todavía no podemos denominarnos un país “democrático” porque nuestro electorado no aprende a elegir. Yendo un poco más allá del análisis somero de estas afirmaciones, ¿realmente la gente no sabe elegir? ¿Existe explicación para que la mayoría siga votando por el que “roba pero hace obra?

Democracia y representación

“La democracia es el proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos”. (George Bernard Shaw)

La democracia, desde una concepción primigenia, es la forma por la cual brindamos la facultad de representación propia a un conjunto de personas (véase Estado) para que tome decisiones en favor de nosotros (véase sociedad civil). Complejizando un poco más, podríamos decir que la democracia supone que nuestros intereses, forma de ver las cosas y creencias culturales se vean representadas por la autoridad que salga elegida. Esto, en palabras sencillas, significaría que las personas – idealmente hablando – votarían por candidatos o autoridades que en cierta forma representen como nosotros nos proyectaríamos si es que fuéramos autoridades municipales, regionales o distritales (un planteamiento que también podríamos extrapolarlo a elecciones congresales y presidenciales).

El problema en una sociedad heterogénea, como la nuestra, es que existe más de un interés o forma de ver las cosas por parte de la sociedad civil. Esto implica que las elecciones de autoridades no van a satisfacer a todos y van a generar, en algunos casos, un rechazo por un importante (o significativo) sector de la población. Ahora bien, si tuviéramos que describir brevemente nuestra cultura, podríamos pasarnos varias páginas hablando de la “cultura combi” o la informalidad, donde el más “vivo” o “palomilla” hace de las suyas. Se premia al que rompe las reglas sin que lo descubran y no se evidencia con la notoriedad necesaria a los que cumplen las reglas de manera justa. Desde esta perspectiva, simplificada, de lo que entendemos de nuestra sociedad, es que también se construye nuestra política (o al menos parte de ella).

La elección de Castañeda responde a una identificación cultural y social importante. Él ejemplifica el “palomilla” político que nunca ha sido realmente sancionado por todas sus fechorías en los 8 años precedentes en la alcaldía de Lima. “Escapó” de Comunicore de manera elegante y, salvo un sector del periodismo crítico, no se ha visto grandemente criticado. Pero, la elección de Castañeda, también responde otros factores que muchos críticos de dicha elección no ha apuntado.

El líder solidario tiene un arraigo popular, a pesar de no contar con una dialéctica muy florida. Esta popularidad innata se da porque la gente de sectores D y E ven en él un símil político, alguien que comparte sus mismas características (véase culturales) y que representaba, dentro del abanico de candidatos para esta elección, su opción más viable para que “hayan más obras”. Punto y aparte merecen sus gestiones pasadas. Si bien podría estar en debate (y quizá sea más claro con estadísticas) si hizo muchas o pocas obras, el principal activo fue que logró visibilizar cada una de ellas y que la mayoría de limeños lo tiene en mente como un alcalde que estuvo presente en una gran cantidad de obras en favor de los más necesitados. Aquí podríamos ubicar el metropolitano, los hospitales de la solidaridad, los puentes, escaleras de los que la ya actual gestión se enorgullece de haber hecho.

Merecen líneas aparte los indignados de ambos sectores de la población, los cuales denominaremos “pitucos” (derecha) y “caviares” (izquierda). Sino salieron sus menos corruptas y más capaces opciones (véase Susana, Cornejo y Heresi), fue porque el mensaje de sus candidatos no logró calar en la mayoría de la población. No basta que te atrevas, que bailes o que sepas debatir, sino que puedas llegar (sea con la estrategia que desees) a presentarte como un candidato viable y atractivo a los sectores donde se deciden la elección.

Podríamos hacer una autocrítica a nuestra sociedad civil de no informarse o tener un bajo interés por la política, pero si ya los candidatos lo saben, deberían buscar formas para poder aumentar el interés de sus votantes con su campaña y generar un apego por su figura (quizá de forma caudillistica) o a algún símbolo (véase partido). Queda mucho más por decir, pero ya profundizaremos en otra ocasión. Finalmente, como diría Kofi Annan: “No existe un solo modelo de democracia, o de los derechos humanos, o de la expresión cultural para todo el mundo. Pero para todo el mundo, tiene que haber democracia, derechos humanos y una libre expresión cultural”.

Crónicas de una escisión anunciada

Augusto Balbi

Por: Augusto Balbi

Terminadas ya las Elecciones Regionales y Municipales 2014 y teniendo como próximo alcalde de Lima a la personificación por excelencia del “roba, pero hace” y sorprendidos todos por el segundo lugar en Lima que arremetió las dos últimas semanas, hay que preguntarnos ¿Qué nos dejó este proceso electoral?

Pero tratemos de responder esta pregunta saliendo un poco de Lima. Y en realidad en Lima no hay mucho que decir, Castañeda arrasó aún a pesar de haber caído en su intención de voto y Cornejo dio el batacazo al desplazar a Susana “chalinita verde” Villarán y, Heresi con su gran aptitud para el baile. Luego de esa sorpresa se puso interesante con la final de fotografía que teníamos en San Isidro entre la nueva “tía regía” Madeleine y Velarde, fuera de eso no hubo más. A excepción de las regiones donde sí que tenemos mucho que decir.

Bien, volviendo a la pregunta no hubo un gran ganador, en general los triunfos fueron dispersos entre el mar de agrupaciones políticas que se presentaron, sin embargo si hubo un gran perdedor: los partidos políticos nacionales.

Lo que dejó el 5 de octubre fue una brecha mucho más grande entre la representación nacional (partidos) y la subnacional (movimientos regionales). Digo esto en base al panorama electoral regional, ¿Cuántos Gobiernos Regionales lograron los partidos nacionales? (entiéndase PPC, APRA, Fuerza Popular, Acción Popular, Perú Posible, Solidaridad Nacional, Somos Perú, etc.),  sin miedo y contundemente tenemos que decir: cero. Absolutamente ni una. Los gobiernos regionales han sido nuevamente arrebatados a los partidos y dentro de esta lastimosa realidad los más golpeados han sido el PPC, Somos Perú y el APRA. Los dos primeros de larga tradición municipal apenas lograron un puñado de distritos (Somos Perú 2 y PPC 5) y el APRA perdió todo.

No solo perdió su último bastión limeño en Breña sino que fue completamente despojado del llamado “solido norte” que hoy se convierte en la plataforma política por excelencia de Alianza para el Progreso y sus prácticas poco democráticas. El PPC, más allá de sus 5 distritos en Lima, apostó por tener una presencia en las regiones que intentó ser apuntalada por el congresista Beingolea sin mayor resultado dejándome la pregunta ¿Qué tan fructífero fue el recorrido de Beingolea para este proceso? O ¿los frutos los veremos en el perfil presidenciable que intenta construir el congresista?

Siendo los partidos políticos los grandes derrotados de esta contienda electoral y preocupándonos la brecha en la representación debemos decir que aún la victoria de los movimientos regionales ha sido parcial. Fuera de Alianza para el Progreso han existido tantas organizaciones regionales ganadoras como regiones (contando a las que pasan a segunda vuelta), lo que refleja lo fragmentada de la representación subnacional al no poder consolidar un movimiento fuerte con alcance macroregional. Preocupante lo último, pues dificulta la gobernabilidad de cara a la gestión de intereses comunes para un desarrollo interregional para el país.

Sumado a esto y no menos importante, es el triunfo de movimientos que colocan a líderes con un discurso antisistema que definitivamente más que hacer al gobierno regional un nexo y aliado del gobierno central, lo harán comportarse como un agente de oposición con mucho más poder. El caso de Santos en Cajamarca, fuera de servir de ejemplo para lo dicho, es una espina en el zapato de Humala que le traerá un dolor de cabeza al gobierno y en general al Perú, ahora tendrá más que argumentos para decir que es un preso político, absuelto por el pueblo cajamarquino con su reelección.

En resumen ¿Qué nos dejó el proceso electoral? Partidos políticos nuevamente derrotados que ya no tienen ni al más mínimo atisbo de arraigo social y que necesitan cada vez más del líder carismático para tener vida. Inicialmente tenía la idea de que algunos más que otros partidos se resistían a la realidad, pero no, no tenemos partidos políticos, tenemos maquinarias electorales y nada más.

Preocupante realidad que merece especial atención. Dejemos de pensar que la elección de Castañeda como Alcalde de Lima es lo peor que le pasó al Perú, no señores. La realidad de las regiones si es preocupante y una bomba de tiempo que esperemos no nos cueste tan caro.

 

Así es la Vida

Piero Miranda

Por: Piero Miranda

Lunes 6 de Octubre del 2014. Comienza el día con un panorama nublado, agotador como todo inicio de semana, pero con una peculiaridad, que tenemos ahora  nuevos presidentes regionales y alcaldes distritales para los próximos cuatro años, elegidos democráticamente exactamente el día de ayer domingo, día en que la confluencia entre la insensatez y la cordura nos arrojaron los resultados de  boca de urna  y el tan anhelado flash electoral, que hicieron celebrar a unos, y llorar a otros

Ahora, fuera de lo que ya se comenta con demasía en los medios televisivos y en los periódicos respecto al triunfo de Luis Castañeda, el segundo lugar de Enrique Cornejo, la victoria de Gregorio Santos en Cajamarca o la de Cesar Acuña en la Libertad y también la gran derrota de los partidos políticos en estas elecciones, entre otros, un punto que no se han ocupado los medios es del sentir popular, o como se dice tan retóricamente, de la “Voz del pueblo” , porque eso sí, el pueblo no se equivoca ni se puede equivocar, porque es la “Voz de Dios” como muchos dicen.

Una primera reacción de la gente luego de estas elecciones, es la sensación de  absoluta victoria de los que “Roban pero hacen Obras”, lo cual deja un sentimiento de resignación, en el que nos tratamos de acostumbrar a que estas elecciones son eventos sobrenaturales fuera de nuestro alcance, que todo está dicho, y que con nuestro simple y unitario voto, no podremos cambiar las cosas, pues así es la vida.

Otra sensación quizás un poco más esperanzadora, es que en estas elecciones se ha visto más la presencia de jóvenes en la política, tanto como postulantes a alcaldía como para regidores, lo cual dejó abierta la pregunta respecto a que tanto ahora el factor “juventud” , junto con otros factores, es un elemento de peso para los próximos comicios del 2016, donde definitivamente habrán muchos nuevos rostros para el congreso, y ni que decir para la presidencia.

Con estas percepciones y sensaciones en general de la gente, ahora nos preguntamos ¿En realidad estamos condenados a tener grandes sinsabores y amanecer con una “resaca” electoral luego de haber emitido nuestro voto?

Frente a esto hay una buena noticia y otra no tan buena. La buena noticia, es que efectivamente la política no está escrita en piedra, por lo tanto es moldeable y sobre todo, está en constante cambio, razón por la cual, si es que tenemos una época quizás no a la altura de los grandes procesos electorales del mundo, alejados de escándalos, propagandas en doble sentido, maleteadas y políticos pintorescos casi al punto de lo ridículo, bueno, simplemente nos queda esperar pues ya llegara ese preciado día.

La noticia no tan buena es que, la pasividad que tiene tanto el electorado limeño, como de todo el país, hace que este “proceso de espera” por un “proceso electoral ideal” y con “candidatos ideales” simplemente no llegue. Mientras se siga votando por el más guapo, por el que combina mejor la corbata con el terno, o por quien mejor floro tenga, se alimenta más este estado de hibernación del electorado, la cual se traduce en retraso y más desigualdad y menos dinero para mejorar el país.

Finalmente, ¿Que nos queda esperar para las próximas elecciones del 2016 y para las siguientes? Simple, la respuesta reside en dos palabras: Comprensión y Esperanza. Somos un electorado muy exigente en lo que respecta a propuestas y a buscar a la persona inmaculada y perfecta para que dirija nuestra sociedad, sin embargo, no damos nada a cambio, ni creamos conciencia electoral respecto a las futuras autoridades que dirigirán el rumbo de todos nosotros, razón por la cual, comprender la situación en la que estamos, nos hará ser más conscientes de la clase política que tenemos, también nos ubicara en que estamos en la condición de exigir, como  lo que podemos esperar.

Por último, si existe una palabra que no se ha mantenido nunca al margen de nuestra realidad, es la esperanza. Quizás lo que representa esta palabra este muy mellado, pero parte de la esperanza que reside en el elector peruano, es el cambio responsable que puede ejercer una gestión de primer nivel. No hay que olvidar, que siempre hay oportunidades, y que en el cambio también residen muchas de ellas.

Detrás del “roba, pero hace”

Augusto Balbi

Por: Augusto Balbi Soto

Recordé en estos días de tanta parafernalia por el último Informe de Opinión Pública Electoral[1] de Datum una frase que es tan conocida como cierta: “El Perú es todo menos aburrido”. Según el último informe de Datum no solo tenemos virtualmente ya al próximo Alcalde de Lima, el señor Luis Castañeda, inamovible del primer lugar con un 57% de intención de voto, sino que además el 49% de los limeños cree que de llegar al sillón municipal Castañeda robará, pero hará más obras.

Esta última afirmación nos hizo empezar la semana pensando en ¿Cómo era posible que el 49% de los limeños vote por un candidato que roba, pero hace? ¿A qué punto hemos llegado de tolerar y aceptar los niveles de corrupción? Quien intentó dar respuesta a estas preguntas fue el economista y director de Semana Económica, Gonzalo Zegarra la semana pasada precisamente en Semana Económica. En su artículo[2] publicado el día 16 de Setiembre Zegarra intenta responder la pregunta de ¿Por qué los peruanos toleramos tanto la corrupción?

Pues bien Zegarra sostiene que en un país donde la mitad de la población no tributa (entre 50% y 70% según lo que estima él) no debería sorprendernos que la corrupción sea aceptada en el sistema político, por ello la solución para este problema sería combatir los altos niveles de informalidad. Es decir, si la corrupción consiste en el robo al Estado y solo entre un 50% o 30% tributa, el robo es a unos pocos y no a la mayoría lo que hace que la corrupción sea más tolerable. Entonces el remedio para la enfermedad es reducir la informalidad, lo que para Zegarra significa reducir el burocratismo, la intervención del Estado.

Lo dicho por Zegarra la semana pasada y los resultados de la última encuesta en Lima hecha por Datum me hicieron reflexionar dos cosas: primero si ¿realmente los peruanos toleramos la corrupción? y segundo, de ser así ¿Qué factores determinan ese comportamiento?

Pues bien quiero empezar aclarando algunas cosas que debido a los grandes opinólogos que tenemos se está tergiversando. ¿Es real la afirmación de que el 49% de los limeños votaría por un candidato que “roba, pero hace”? La respuesta es NO. La pregunta de dónde se desliza este erróneo dato iba referida a la asociación de atributos de gestión con los candidatos, es decir la pregunta que realizó la encuestadora no fue ¿votaría usted por un candidato que “roba, pero hace”? sino ¿Quién cree usted que robará, pero hará más obra de llegar a ser Alcalde de Lima? De aquí quien lideraba la tabla, y no podía ser de otra manera, era el señor Luis Castañeda con el 49% seguido de Villarán con un 5%. Entonces la afirmación correcta no es que el 49% de los limeños toleramos la corrupción o en su defecto votaríamos por alguien que “robe, pero haga” sino que abrumadoramente pensamos que el virtual acalde de Lima robará, pero hará más obras durante su gestión en comparación a los otros candidatos.

Entonces ¿eso quiere decir que en el Perú no toleramos la corrupción? La respuesta lamentablemente también es NO. Para que prácticamente la mitad de la población crea que Castañeda robará, pero hará más obras y sin embargo no solo lidere la intención de voto con el 57% sino que además su candidatura solo tenga un rechazo de 10%, es decir solo el 10% de los limeños no votaría nunca por él, definitivamente tenemos una conducta displicente hacia la corrupción. Pero ¿es en realidad hacia la corrupción? Y la respuesta vuelve a ser NO, existe una conducta displicente en general hacia la política. Según el Perfil del Elector Peruano[3] el 39% presenta muy poco interés en la política y el 32% nada de interés, primer punto que creo debemos tomar en cuenta pues si algo poco o nada me interesa ¿Qué tanto interés puedo tener en que esto se haga bien?

Planteada esta primera parte ahora debo decir que me encuentro parcialmente de acuerdo con Zegarra, si bien tener grandes grupos de la sociedad en la informalidad fomenta o fortalece una cultura de aceptación a la corrupción no considero que sea ese un factor determinante que pueda explicar nuestra actitud displicente y conformista, no creo que combatir la informalidad, y no digo que no haya que hacerlo, reduzca nuestra percepción de que no importa si un funcionario roba mientras haga.

En el Perú los últimos 30 años han sido realmente estresantes y han mermado la autoestima del ciudadano de a pie. Hagamos un pequeño y fugaz recuento para no deprimirnos, en los últimos 30 años hemos pasado por la hiperinflación, el terrorismo, el gobierno de Fujimori y sus altísimos niveles de corrupción, una transición a la democracia bastante rápida, un ex presidente procesado y encarcelado hasta llegar a la actualidad con congresistas cuestionados por supuestos nexos con el narcotráfico. Luego de este rápido recuento, sin profundizaciones, ¿Alguien tiene dudas de que en el Perú se vea lo público con pesimismo? Así es, todos estos hechos le han proporcionado al Perú que sus ciudadanos vean los temas públicos no solo con incredulidad sino con pesimismo, llevándonos a pensar que bueno más o menos todo sigue igual y no hay atisbos de que vaya a cambiar por lo tanto mejor ni pensar en la política, y me preocupo de los asuntos en los cuales si puedo influir, es decir mi empleo, mi estudio, mi diversión, etc.

Pero quiero detenerme un momento en el gobierno de Alberto Fujimori, no solo por sus altísimos niveles de corrupción, sino por dos cosas que creo han marcado toda la era post Fujimori. La primera es el populismo que aplicó el gobierno durante esta época, los discursos populistas usualmente buscan desacreditar las instituciones políticas sosteniendo que son ineficientes o incapaces para solucionar las demandas del “pueblo” y por lo tanto pondera por encima de los procedimientos normales de las instituciones el cumplimiento de sus objetivos sin importar la visión cortoplacista con la que se opere. Lo que dejó este populismo de Fujimori fue precisamente ese descrédito de las instituciones políticas, de nuestras instituciones políticas. Lo segundo es el proceso de institucionalización de la corrupción que se gestó durante sus dos gobiernos. No voy a decir que Fujimori inventó la corrupción en el Estado, pero si la hizo parte de la práctica estatal, es decir, incentivó la corrupción como pauta para el ejercicio de la función pública. En sencillo, si eres parte de la administración del Estado y no robas simplemente no encajas.

El gran legado de Fujimori al Perú fueron el descrédito de las instituciones políticas y la institucionalización de la corrupción. Ahora estas dos cosas originan lo que sí considero son los factores que determinan una cultura política que tenga cierta tolerancia a la corrupción. Así es, el legado de Fujimori genera tres factores: el primero es un desprestigio inmenso de la función pública, ¿Cuántos no hemos pensado que la función pública está llena de ladrones? Ladrones de cuello y corbata. El segundo factor es el sentimiento de impunidad con el que todos nos quedamos luego de una denuncia por corrupción, y ejemplo de eso tenemos varios; y el tercer factor es un Estado incapaz de interactuar con la sociedad civil, lo que refuerza la idea de una administración pública ineficiente.

Veamos, ¿una función pública desprestigiada podrá generar la credibilidad suficiente para que los ciudadanos podamos levantar nuestra voz ante un hecho de corrupción? Si nuestras instituciones políticas se encuentran en total descrédito da igual tener a una persona intachable o un ladronzuelo en el cargo que sea. Y peor aún ¿valdrá la pena alzar la voz de protesta si las denuncias serán archivadas? ¿Para qué gastar tiempo y dinero si al que roba en el Estado no le sucede nada?

Sin embargo este tema es un círculo vicioso, pues la percepción de corrupción contribuye a que los ciudadanos tengamos una valoración negativa del gobierno y por ende de las instituciones que regulan la actividad política y social. Esta valoración negativa del sistema político también afecta a los partidos políticos que sostienen dicho sistema y desde luego a la democracia, pues no logra satisfacer a los ciudadanos ni ejercer una lucha férrea contra la corrupción.

Lo qué habría que entender, y va como consejo para el señor Gonzalo Zegarra, es qué los fenómenos políticos son circulares y no tan lineales.

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[1] http://www.datum.com.pe/pdf/ENCSIM02.pdf

[2] http://semanaeconomica.com/article/economia/144060-roba-pero-hace-obra-por-que-los-peruanos-toleramos-la-corrupcion/

[3] http://portal.andina.com.pe/EDPEspeciales/2011/perfil_elector_JNE.pdf

No solo una buena campaña salvará a Enrique Cornejo

Andrea Silva

Por: Andrea Silva 

Estos últimos días leí la columna1 del periodista Renato Cisneros en el diario La República acerca de cuál iba a ser el candidato por el que votaría para ocupar el sillón municipal de Lima Metropolitana 2015-2018. Lo que me pareció interesante de este pequeño artículo fue la forma en cómo presentó el hecho de que votaría por Enrique Cornejo: “Nunca pensé que, sobrio y despejado, diría esto: voy a votar por un aprista”. Luego de leer esta introducción a su reducido artículo me  puse a pensar si realmente postular por el APRA le estaría costando a Cornejo los votos que necesita para ser alcalde de Lima, y obviamente, luego de no mucha reflexión respondí de una manera afirmativa a esta pregunta: A Enrique Cornejo sí le está costando votos el presentarse por el APRA.

Sé que muchos dirán que a pesar de que Cornejo perteneciera a otro partido igualmente no podría ganarle a Castañeda (que tiene una intención de voto de 50% aproximadamente), y que sería indiferente si Cornejo participaría con el APRA o no, debido a que los resultados de estas elecciones ya están dadas desde que se supo que Luis Castañeda postularía a la alcaldía. Sin embargo, puedo decir que debido a la manera en la que viene ejecutando Cornejo su campaña, posiblemente si le hubiera podido dar batalla a Castañeda si perteneciera a otro partido. Pero como no existen los “hubiera”, hay que hablar de lo que está pasando con Enrique Cornejo ahora. Él está sufriendo en carne propia el desprestigio de los partidos políticos tradicionales: en las encuestas ve reflejado como su 3% no aumenta a menos veinte días para las elecciones municipales y regionales; y sobre todo, está viendo cómo Lima está perdiendo la gran oportunidad de tener un alcalde capaz y preparado para gestionar la ciudad por la falta de confianza en la que están sumergidos los grandes partidos políticos.

¿Entonces qué se debe hacer para que este tipo de eventos se eviten, y realmente un gran candidato no se vaya por la borda si se presenta por un partido tradicional? Bueno, la respuesta es sencilla y ya la presentó el JNE (Jurado Nacional de Elecciones), la ONPE (Oficina Nacional de Procesos Electorales) y RENIEC (Registro Nacional de Identificación y Estado Civil)  el año pasado a la comisión de constitución del Congreso: La Reforma Electoral y Política. Dentro de esta reforma, se contemplan diversos asuntos, como por ejemplo, la unión de las doce leyes electorales en un solo código electoral, así como la modificación del proceso de revocatoria en la Constitución Política del Perú, y también el famoso “financiamiento a los partidos políticos”.

Con el financiamiento estatal de los partidos políticos, se busca que estos puedan institucionalizarse y fortalecer su participación en la vida política del Perú. Sin embargo, para lograr el financiamiento “pleno”, esta reforma busca que los partidos sean financiados sin que estén atados a la condición de si el presupuesto nacional alcanza o no para hacerlo, ya que con esta condición nunca han sido y van a ser financiados; por ejemplo, ya ha pasado un gobierno (el de Alan García) y otro que está en curso (el de Ollanta Humala), en el que hasta el momento no se los ha financiado a pesar de estar la norma en vigencia.

Pero realmente por qué es importante el financiamiento estatal a los partidos políticos: Es esencial; primero, para que haya más transparencia en los partidos, ya que al recibir dinero del Estado, van a ser fiscalizados por este; y por tanto, al no depender de dinero adicional van a ser menos propensos a los intereses particulares que los financian en las campañas. Segundo, los partidos van a ser más cohesionados debido a que ahora el dinero que ingresa a los partidos irá directamente a ellos, y ya no va a pertenecer a los candidatos; de esta manera, en lugar de competir entre compañeros del mismo partido se va a buscar crear una idea de comunidad en el partido.

Tercero, parte de este financiamiento estatal va a obligar a los partidos a que cumplan con las elecciones democráticas internas o elecciones primarias; de esta forma, el candidato del partido va a ser aquel que sea elegido por la mayoría del partido y no va a ser el que tenga más dinero para financiar su campaña. Cuarto y último, con el dinero estatal los partidos podrían organizarse de una mejor manera, es decir, tendrían una base administrativa y logística que los ayudaría a mantener un local central y varios locales al interior del país, y así, al tener asegurado los locales, realizar cualquier actividad para organizar a los militantes y realizar eventos para la comunidad. Después de todo, el financiamiento a los partidos es una manera de formalizarlos, y obligarlos a que trabajen por la democracia en el país.

Por último, puedo decir que si los partidos políticos estuvieran institucionalizados; además, si fueran transparentes, y tuvieran bases a nivel local y provincial para que puedan difundir sus ideas y propuestas más fácilmente, más gente se atrevería a votar por sus candidatos; y esta vez, como está sucediendo en Lima, candidatos como Enrique Cornejo y sus propuestas tuvieran la posibilidad de llegar a la gente con mucho mayor facilidad, ya que el internet y las redes sociales en Perú no bastan. No sé qué espera el congreso para debatir este proyecto de ley en el pleno que ya ha sido aprobado por la comisión de constitución el año pasado. Esperemos que sea pronto.

*Como cherry, y debido a que estamos en periodo electoral y he visto que muchos señores periodistas y columnistas hacen pública su opción política, me he visto en la obligación de hacerlo: votaré por Enrique Cornejo a pesar de que sea aprista, porque su plan de gobierno2 es el mejor para Lima; y también, porque no creo que se necesita robar para hacer obras, y sobre todo porque LA MORALIDAD NO SE SACRIFICA POR LA EFICACIA. Así que a chequear aunque sea los planes de gobierno resumidos en entrevistas amigos que leen ¡Tintero

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1 http://www.larepublica.pe/columnistas/que-sabe-nadie/la-soledad-de-cornejo-11-09-2014

2 http://200.48.102.67/pecaoe/05PLANES/2014/f8587972502829497639.pdf

 

Estrategias políticas: Entre mudos solidarios, tías regias, salvadores distritales y el bigote estrella(do)

Gabriel Tristán

Por: Gabriel Tristán

Las elecciones están a tres semanas de realizarse y el panorama político está comenzando a visibilizar ciertas tendencias en las encuestas y en el accionar de los candidatos al sillón municipal. Las brechas insalvables que mantenía Castañeda sobre Villarán y Heresi han venido disminuyendo, aunque continúan siendo considerables. En esta tríada que se observaba en un principio, ahora puede visibilizarse la presencia de Enrique Cornejo, quien con un ínfimo apoyo del partido de Haya de la Torre, está haciéndose un pequeño espacio en las encuestas y en la intención de voto. Pero vamos uno por uno: ¿Qué han ido haciendo en estas semanas y cuales vienen a ser las estrategias que desarrollarán hasta el final de la elección? Vamos viendo.

La palabra del mudo: el cambio de estrategia de Castañeda

Hasta hace 2 semanas, las apariciones de Luis Castañeda en los medios de comunicación eran nulas. La campaña, según él, se realizaba con el pueblo y sin ningún tipo de prensa. Se pueden ensayar distintas explicaciones, pero la más clara a la luz de este análisis vendría a ser la experiencia aprendida en las elecciones presidenciales pasadas. Estando puntero a meses de la elección, su popularidad se vino abajo como una torre de naipes y no logro ni la tercera parte de los votos que tuvo en un principio. La sobreexposición que vivió en ese largo periodo generó que la gente comenzara a ver las fallas de su candidatura y sus votos cambiaron de dueño, repartidos entre Toledo y PPK.

Para suerte de Castañeda, quien demostró que no tiene dotes de orador, la actual campaña al sillón municipal empezó tarde. El mundial de futbol retrasó el interés de los limeños por la campaña política y permitió al candidato solidario guardarse hasta finales de agosto. Obviamente, ante la caída de casi una decena de intención de voto en las encuestas, ha comenzado a salir a los medios para visibilizar su presencia en estas elecciones. Su gran interés en volver al ruedo público está acompañado del poco tiempo que queda en miras al 5 de octubre.

La reforma de Villarán: Un cambio de imagen, pero no en las encuestas

Susana Villarán ha llegado a su tope en las elecciones. A pesar de haber buscado por todos los medios sacar a flote su candidatura, su popularidad no ha subido lo que cualquier partidario del actual burgomaestre hubiera deseado. El corredor azul, que era su as bajo la manga, no ha logrado caer bien a la población a pesar de la gratuidad de su servicio. Lamentablemente, la pobre implementación de tanta ansiada reforma del transporte ha generado varias posiciones que no la han beneficiado en las encuestas ni la percepción generalizada por parte de los votantes.

A diferencia de la campaña que realizó para salvarse de la revocatoria, los spots publicitarios para esta campaña política no han logrado calar en la buena gracia del elector. La seriedad, el ambiente poco inclusivo y la rigidez de sus palabras han ocasionado que la opinión publica resalte la imagen de “pituca” y con poca llegada a los sectores más populares.

El “Pisko” de las elecciones: El baile Salvador de las encuestas

Salvador Heresi ha logrado visibilizarse en la mente del electorado limeño. Su video publicitario que se ha visto inspirado en el del cantautor “pisko” ha generado bastante simpatía (y algunas críticas por su “talento” para el baile) en las personas. Salvador está comenzando a repuntar en las encuestas y esto es gracias a los descensos de Villarán y Castañeda. Los medios también han contribuido en posicionarlo como un candidato joven y exitoso, además que su gusto por la música lo acercan a varios sectores de la población.

Al representar una tercera opción en la dualidad que se había formado en un principio, Salvador rescata un sector de la población que no votaría nunca ni por el escándalo de Comunicore ni por la ineficiencia de la reforma del transporte. A pesar de tener algunos encuentros por el tema de la costa verde y ciertas irregularidades en la municipalidad de San miguel, Heresi sigue manteniendo una imagen fresca, aunque tenga que mejorar muchas cosas para aspirar a ganarle a Castañeda (entre ellas su ritmo).

Las desventuras del tío Bigote: La caída de la estrella y el surgimiento de Cornejo

Enrique Cornejo ha pasado de “otros”, a llegar a poco más de 5%. Esto no se debe al deliberado apoyo de Alan García y la cúpula aprista (cosa que no tiene), sino a concienzudas y bien pensadas apariciones en los medios de comunicación. Aunque para muchos pareciera que Cornejo estuviera solo en estas elecciones, lo que mantiene correctamente a su lado es el sentido común y la cordura a la hora de proponer un plan de reestructuración para Lima.

Podríamos mencionar que su desligamiento parcial del APRA ha generado que cierto sector de la población guarde cierta simpatía con Cornejo. Su apariencia afable y su relativo éxito en su gestión como ministro de transportes y comunicaciones lo catapultan como la opción más completa en esta selva de candidatos.

La Palabra del Mudo

Piero Miranda

Por: Piero Miranda

La política peruana, siempre impredecible y muy pintoresca, nos ha ofrecido una nueva razón para estar muy pendiente de ella ahora, que es la permanencia de Luis Castañeda Lossio en la contienda electoral. Tal parece que ni la tacha de un famélico JNE, ni el tan sonado caso Comunicore, ni el esfuerzo de sus grandes contrincantes (Villarán y Heresi), ha hecho posible bajar radicalmente la aceptación de Castañeda, que pareciera cada vez consolidarse más en el primer lugar y asegurarse la victoria de este 5 de Octubre.

Ahora quizás lo que muchos nos preguntamos es ¿Que ha hecho Castañeda para permanecer  en el primer lugar y no perder el liderazgo en las diversas encuestas? Muchos analistas y periodistas alegan que el éxito de Castañeda se debe a su silencio frente a las acusaciones y por sus apariciones bastantes cautas frente a la opinión pública. Sin embargo, estos se olvidan de un dato muy importante que define que Castañeda lidere las preferencias: la experiencia.

Luis Castañeda Lossio a sus 69 años, no es ningún novato en política y mucho menos, un político que solo ha sido alcalde de Lima. Quizás pocos recuerden que Castañeda fue Presidente Ejecutivo del entonces IPSS, ahora ESSALUD y que en los años ochenta fue regidor en la Municipalidad de Lima, aparte de su paso por la empresa privada. Así, el ex burgomaestre de Lima, que también fue candidato a la presidencia del Perú en el 2011, ha venido esculpiendo paulatinamente su lugar en la política peruana y así asegurando un factor crucial en la política, que es mantenerse en el subconsciente del votante.

Entonces, ¿Que esperar de Luis Castañeda en estas contiendas electorales? Al estar a menos de un mes de las elecciones regionales y distritales, Castañeda se toma el tiempo para caminar con sus portátiles, dar entrevistas a los medios que él desea y a no alterarse pese a las últimas encuestas que ponen en un estrecho segundo lugar a Salvador Heresi, su virtual oponente, el cual parece haberle quedado corto el tiempo para seguir subiendo en las preferencias electorales.

No es casualidad que a puertas de una elección, Castañeda Lossio opte por el silencio, que más que una estrategia, es simplemente un elemento más de su estilo de hacer política. Vale recordar que en la política nada es gratis, y si este sigue manteniendo la preferencia en las encuestas, es porque quizás la gente nunca antes ha tenido tan presente el amarillo y el nombre “Lucho” como ahora.