Archivos Mensuales: octubre 2013

La era Abe ¿Renacimiento Japonés?

FRANCISCO

Por: Francisco Narrea

Kimi ga yo wa Chiyo ni

Que su reinado, señor,dure mil generaciones.[1]

En enero de 2013, el primer ministro Japonés, Shinzo Abe, y su partido iniciaron la primera jornada laboral del año entonando el Kimigayo, canto controversial que fue el himno del Japón desde la Era Meiji. “Hemos devuelto el Gobierno a un partido que puede cantar con firmeza el Kimigayo”, dijo Abe.[2] Este hecho va más allá de ser una simple anécdota y algunos lo ven como un símbolo de que el pasado imperialista y militarista de Japón está de vuelta.

Tras la explosión de la burbuja inmobiliaria a finales de los 80, la economía de Japón se estancó y vio desaparecer aquel orgullo y espíritu optimista que el milagro japonés trajo consigo. Durante las últimas décadas, el país del sol naciente se resignó a ver como, al otro lado del Mar de China Oriental, el gigante asiático despertaba. Fallidos fueron los intentos de la clase política por solucionar la deflación y, el 2010, la economía china superó a la nipona.[3] El Partido Liberal-Democrático, que se mantuvo en el poder desde su fundación en 1955 hasta 1993, perdió el poder el año 2009 y logró recuperarlo en diciembre de 2012. La herida dejada por el terremoto y tsunami del 2011, el crecimiento y agresividad chinos, así como la crisis económica mundial, parecen ser factores que llevaron al electorado nipón a darle una nueva oportunidad al partido que lidera Shinzo Abe y cuya consigna electoral fue “Recuperar Japón”.

El primer ministro Abe, el espíritu que ha revivido Japón, ha emprendido una serie de medidas  económicas como un mayor gasto fiscal con el objetivo de revertir más de una década de deflación. Hasta ahora, la estrategia ha dado buenos resultados: Las exportaciones se han incrementado y el Producto Interno Bruto se expandió a un ritmo interanual de 3.8% por encima del 2.6% previsto.  Japón

Asimismo, en su misión nacionalista de reposicionar a Japón como un país de las grandes ligas, el partido liberal busca aumentar las exportaciones, mejorar la infraestructura energética, preparar el país para los juegos olímpicos del 2020, retomar el uso de la energía nuclear y reformar la constitución con el objetivo de crear unas fuerzas armadas, ya que el país posee solo fuerzas de autodefensa. Se critica al régimen por su revisionismo de la historia japonesa y su pasado militarista. Algunos miembros del gobierno han visitado el Yasukuni[4], erigido para honrar la memoria de los combatientes japoneses y que incluye a 14 criminales de la Segunda Guerra Mundial; por otro lado, Abe realizó una ofrenda al santuario por el aniversario de la capitulación de Japón.

Japón está de regreso; sin embargo, regresa a un panorama mundial distinto al de los noventas. Al otro lado del mar, China ha visto crecer su economía y su influencia en zonas de antigua presencia japonesa. Es así que, en un intento por alcanzar a China, Japón ha prometido 24500 millones de euros en ayuda económica a África, en el marco de la V Conferencia Internacional para el Desarrollo.[5] Cabe resaltar que China mantiene una estrecha cooperación con los países de África; según el Center for Global Development, China destinó 75400 millones de dólares en ayuda a África durante la última década para 1673 proyectos.[6] Si bien,  en la lucha por mantener la influencia, países como Japón y Estados Unidos ofrecen una ayuda considerable a África, la ayuda china tiene una ventaja: no está ligada a condiciones políticas como la lucha contra la pobreza, corrupción, derechos humanos, protección del medio ambiente, etc. Por el contrario, el dinero está a libre disposición de los gobiernos.

Protagonismo radical

CARLA

Por: Carla Toche Casalino

“¡Y el hombre sí te sufre: el Dios es él!”

Los dados eternos, Cesar Vallejo

No es novedad que cada cierto tiempo el Cardenal Juan Luis Cipriani se pronuncie contra la comunidad LGTB, a través de la negación de lo que debería ser el goce de los derechos de dicha comunidad, así como tampoco resultaría novedoso escucharlo cada cierto tiempo hablar a favor de Alberto Fujimori (o de algún otro político de turbio pasado). Dicho esto, nos damos cuenta que Juan Luis Cipriani brilla más por sus opiniones en materia de Estado, de política y de sociedad, más que por lo inspirador que podría llegar a ser el discernimiento colectivo a la hora de su homilía. Lo que sí resulta novedoso es encontrar un nuevo (o renovado) actor en este contexto ya conocido (mas no gastado). Las caducas falacias proferidas por el cardenal tienen ahora que enfrentarse a una renovada y reconocida sociedad peruana capaz de transmitir, a través de la experiencia colectiva, educacional y cívica, argumentos legales, morales, sociales y políticos legítimamente fundamentados. Sin embargo, con este panorama, donde se disputa el ejercicio de poder entre estructuras tradicionalistas frente a renovados elementos conciliadores, surge también el eterno debate sobre la viabilidad (y efectividad) de un Estado laico en el Perú.

Independientemente de la postura que cada miembro de la sociedad adopte al respecto, debemos observar a los procesos histórico, político y cultural de la estructura social como elementos que se encuentran fuertemente enraizados a la tradición católica y que, por esta razón, la laicidad estatal no puede medirse (ni mucho menos pretenderse) únicamente en torno a una premisa constitucional, pese a que en la actual Constitución a través del artículo 50 la Iglesia Católica es explícitamente legitimada como “elemento importante en la formación histórica, cultural y moral del Perú”, sino, y acá es donde viene a regir mi argumento principal, en la cotidianeidad a través de sus relaciones con los individuos y con la sociedad en general.

 Con respecto a las relaciones entre Estado, Iglesia y sociedad, teólogos católicos reconocidos, como Johan Baptist Metz, proponen que la relación menos nociva que se debe establecer entre la Iglesia y la sociedad, debe ser una que contenga un conjunto de elementos críticos y pragmáticos para que aquella, la Iglesia, pueda elevar las necesidades de su sociedad y “vertirlas en prácticas sociales y políticas que regeneren el espíritu humano para que a estos se les pueda revelar el Reino de Dios” (Concilio Vaticano II, Constitución Pastoral Gaudium et Spes, sobre la Iglesia en el mundo actual)

En el Perú, sin embargo, la situación actual entre la Iglesia y la sociedad se fundamenta bajo criterios incoherentes, intolerantes, e indiferentes dando como resultado una relación tensa entre la comunidad en general y la institución eclesial. Dicha tensión, además de impedir el trabajo caritativo, el reconocimiento de las minorías olvidadas y las acciones que deberían promover al ser humano desde sí mismo hacia la sociedad, evidencia la división estructural que vendría a ser, a mi modo de ver, la razón principal desde donde se muestra la inutilidad de la Iglesia dentro del contexto nacional.

Entonces, expuestas las dos instituciones ante sus faltas frente a la sociedad, el Estado por una laicidad superficial y la Iglesia como ente que demanda y consume sin generar retribución de ningún tipo con su propia doctrina, se genera un incumplimiento sistemático desde donde los actores regenerados, renovados y reconocidos deben tomar, por esto mismo, un protagonismo radical.

Frente a un panorama donde se incumplen tareas, roles y responsabilidades sociales por parte de las dos instituciones cuya función más bien debe girar en torno a dichas responsabilidades, es deber de la propia sociedad demandar agencia desde si misma con respecto a su Estado y problematizar los puntos desde donde el Estado debe actuar (y junto a qué institución) coherentemente en función del bienestar general. El debate es amplio y complicado pero es importante otorgar al campo de lo político y social la debida y apropiada atención desde los organismos que aportan para el desarrollo integral del sujeto y no desde un punto desde donde constantemente se generan vejaciones hacia el individuo y hacia los colectivos. La sociedad está cambiando, las estructuras, a su ritmo, lo harán y es importante seguir el debate desde una perspectiva no fundamentalista para que, los que se basan en la “ley natural”, puedan ser desplazados, casi automáticamente, hacia algo no menos parecido a lo que se podría ver en un “talk show” muy al estilo de Laura Bozzo, dejando, así, a los ciudadanos responsables campo abierto para los cambios que el país está empezando a demandar.