Archivos Mensuales: abril 2013

El nuevo rol del Estado: de los programas de vivienda y planificación urbana

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Por: Elena Martínez

En los últimos 20 años, el crecimiento demográfico [1] ha causado una alarmante preocupación al Estado Peruano. Según datos del INEI [2], se estima que para el 2015 la población peruana excederá los 31 millones de habitantes, esto supone la existencia de nuevas y más demandas por parte de los que hoy se integran a la sociedad, entre ellas: servicios básicos, educativos, de salud y de vivienda que  requerirán la implementación estratégica de políticas públicas.

Este incremento poblacional trae consigo una excesiva demanda de inmuebles; los nuevos ciudadanos no están conformes con no tener “la casa propia”, ambicionan una mejor calidad de vida y ante eso, generalmente, exigen créditos hipotecarios que se acomoden a sus ingresos, es así que aparecen las grandes constructoras y empresas inmobiliarias ofreciendo una serie de alternativas; sin embargo, en los últimos años, el mercado inmobiliario ha sufrido continuamente un encarecimiento de sus productos. Este es el caso de las viviendas demandadas por los segmentos A y AB que han experimentado en los últimos tres años un incremento semejante al 60%, lo que preocupa a esté sector de la población [3]. Frente a esta situación se ha especulado mucho sobre una burbuja inmobiliaria y una crisis en los créditos hipotecarios. Las medidas recomendadas varían desde el aumento de la cuota inicial para adquirir un bien [4] hasta la reducción de años de los créditos [5].

En los sectores B, C y D, las empresas inmobiliarias han creado proyectos más accesibles a los ciudadanos, construyendo grandes conjuntos habitacionales, tanto en las periferias como en los centros de las ciudades; sin embargo, los créditos hipotecarios siguen siendo excesivos para un fragmento de la población, quienes no poseen los ingresos suficientes para la adquisición de esté crédito.

Ante esta situación aparece la intervención estatal como estrategia del Estado a través de su órgano rector en esta materia, el Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento, que tiene la responsabilidad de diseñar, normar, promover, supervisar, evaluar y ejecutar la política sectorial, en beneficio de la población con menores recursos [6]. Esta cartera ha ingeniado distintos mecanismos para que la adquisición de la casa propia no sea inalcanzable. A través de sus programas y medidas empleadas la población puede adquirir un bien inmueble con costos por debajo de lo que ofrece el sector privado.  Sus proyectos han tenido gran impacto y siguen teniendo buena acogida por parte de los ciudadanos. Por medio del MVCS se implanta un proyecto de gran envergadura: el Fondo Mi Vivienda, con la finalidad de  articular el desarrollo del mercado inmobiliario a nivel nacional y promover la construcción de viviendas  a través de sus programas [7].

El FMV ofrece entre sus opciones el financiamiento para la compra de viviendas terminadas, en construcción o en proyecto, a través del Nuevo crédito Mi Vivienda; el otorgamiento de un crédito hipotecario que permite al propietario de un predio la posibilidad de construir, ampliar o mejorar su vivienda a través del crédito Mi Construcción; y , entre otras de sus alternativas, la compra de insumos destinados a la construcción, ampliación o mejoramiento de vivienda en un inmueble propio a cargo de un asesor técnico, proporcionado por un proveedor autorizado, por medio del crédito Mis Materiales. Cada una de estas alternativas, están a disponibilidad del público objetivo.

Según René Cornejo, el titular de la cartera, el presupuesto de apertura del 2013 asciende a S/. 3,937 millones, lo que denota un incremento de 40% respecto al año anterior (2,814 millones), donde el 100% del aumento está destinado a los programas sociales que vienen ejecutando. Nos topamos así con un Estado no solo fiscalizador y supervisor ante el mercado inmobiliario, sino con uno que se sumerge dentro de la contienda y utiliza mecanismos y tácticas para posicionarse dentro de este mercado. Cambiando su papel pasivo por uno dinámico, ejecutando proyectos y programas dirigidos al sector más humilde de la población. A diferencia de su rol anterior en que se reducía al regulador aislado, hoy lo vemos desempeñando no solo un papel de competidor, sino que remedia las problemáticas no atendidas por el sector privado, apunta al público no objetivo de este y los incorpora a la planificación organizada de la sociedad.


Planificación Latinoamericana

El 2012 resulto ser un año trascendental para el Perú, ya que fue el anfitrión de dos eventos de suma importancia centrados en la planificación urbana y el mercado inmobiliario. Nos referimos al 28° Congreso Interamericano de la Industria de la Construcción [8] donde el comité organizador desarrolló un programa alineado con la coyuntura regional, así como las proyecciones a futuro del sector. Los empresarios y desarrolladores inmobiliarios que asistieron compartieron experiencias sobre los retos y oportunidades de las ciudades en América Latina; los casos de Colombia, Brasil y México fueron considerados como ejemplos para el resto de la región. Dos meses después, el Perú fue sede del III Foro Interamericano de Ciudad y Financiamiento habitacional [9] con el propósito de impulsar políticas estratégicas para fomentar la vivienda social; representantes del sector público y privado de Latinoamérica asistieron con la finalidad de generar nuevos y mejores mecanismos que sirvan para el desarrollo de la región, dejando de lado las diferencias políticas.

“La proyección del número de viviendas ya está establecido porque ya nacieron los chilenos, los ecuatorianos, los mexicanos y los peruanos que van a demandar vivienda en los próximos 15 años, estemos o no estemos, se van a hacer esas viviendas y el reto está en que si van a ser formales o informales” (Jorge Yarza, presidente de La Unión Interamericana para la Vivienda [Uniapravi])

[1] http://www.cpi.com.pe/boletin/impreso/archivos/MR201207-01.pdf

[2] http://www.inei.gob.pe/biblioineipub/bancopub/Est/Lib0006/CRECIM03.htm

[3] http://www.mivivienda.com.pe/NR/rdonlyres/59EC7B22-C2FD-49A0-B1E8 F3ED8A621D0F/10655/RevistaFondoMIVIVIENDAN58.pdf

[4] http://gestion.pe/inmobiliaria/castilla-sbs-podria-regular-cuotas-iniciales-creditos-hipotecarios-2011243

[5] http://www.mundonegocio.pe/noticias/2295/se-frenaran-las-hipotecas-a-plazos-mayores-a-20-anos

[6] http://www.vivienda.gob.pe/Ministerio/mision_vision.aspx

[7]http://www.mivivienda.com.pe/portal/Canales/Fondo%20MIVIVIENDA/Quienes%20Somos/Funci%C3%B3n%20del%20Fondo.aspx

[8] http://www.capeco.org/exposiciones/28-congreso-interamericano-de-la-industria-de-la-construccion/

[9] http://www.uniapravi.org/eventos-detalle.asp?item=28


		
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El “otro” Ollanta Humala

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Por: Alejandro Mejía Tarazona

Dedicado a S.T, por esos momentos de alegría a diario y por creer en mí con una sinceridad especial.  

El jueves pasado, el diario periodístico “Perú21” lanzó un titular totalmente sensacionalista: “El otro Chávez”, haciendo referencia directa a Humala. Del mismo, durante los últimos días, se han venido dando cuestionamientos hacia las acciones llevadas a cabo por Ollanta Humala frente a coyunturas, como las elecciones en Venezuela en las cuales Maduro resultó ganador y, del mismo modo, con respecto a la intención del gobierno de comprar la refinería de La Pampilla que pertenece a la empresa española Repsol. Los ataques han venido desde diversas bancadas parlamentarias que ponen en tela de juicio el manejo de la política exterior peruana y el rol empresarial del Estado, ante temores de un posible giro radical hacia el tan recordado plan de la “Gran Transformación”. Sin embargo, es necesario ir más allá del debate y entender el trasfondo político que hay detrás de ambos sucesos.

La proclamación de los presidentes sudamericanos que conforman UNASUR desde Lima, legitimando el triunfo de Nicolás Maduro en Venezuela, y el viaje de Humala al país caribeño como invitado en la investidura del líder chavista, han originado críticas desde los sectores más conservadores del gobierno, desde Vargas Llosa hasta el fujimorismo. Sin embargo, ambas medidas en materia de política exterior, solo pueden ser entendidas desde una defensa del liberalismo económico. El no haber reconocido el triunfo de Maduro significaba romper vínculos económicos con Venezuela y, respectivamente, con La Paz, Quito (aliados del régimen bolivariano) y Buenos Aires (Venezuela tiene bonos comprados de la deuda externa argentina).

Es así que, en la política exterior, más que el discurso político, es una defensa de los vínculos comerciales del Estado peruano. Debido al liderazgo de Caracas sobre cuestiones de integración regional (como la creación de UNASUR), los gobiernos sudamericanos, hasta los más afines hacia Estados Unidos (como Chile y Colombia), han reconocido el triunfo del chavismo en Venezuela y no han tenido oposición alguna. Entonces, ¿de qué se queja la derecha peruana? ¿Acaso no se defiende el modelo neoliberal? ¿O es que ahora quieren “promocionar” la democracia peruana como ejemplo en Sudamérica antes que priorizar los intereses económicos del Estado? Pues, más ligados está el Perú a la Alianza del Pacífico que al ALBA. Hay temores que carecen de sentido alguno.

El mismo miedo desde la derecha va enfocado a criticar el rol que pretende asumir el Estado con la compra de una refinería petrolera en manos de privados. El hecho de querer evitar acciones que rememoran los viejos tiempos de estatizaciones bajo el Velasquismo, no es un argumento válido por dos razones: En primer lugar, las encuestas señalan que los peruanos están de a favor de un mayor fortalecimiento de PETROPERÚ y esto no deber ser entendido como una demanda total por una estatización de sectores estratégicos de la economía (como el caso de Bolivia y el YPFB). En segundo lugar, caer en una comparación exagerada y, grotesca a la vez, entre el Velasquismo y la posible decisión del gobierno de comprar La Pampilla, es caer en el juego político de una derecha que mantiene en constante evaluación al gobierno de Humala, recurriendo a infundir falsos temores a través de medios periodísticos alineados con sectores conservadores. La derecha tiene un solo interés: preservar las bases de un modelo de economía neoliberal sin perder su influencia en el control de la agenda del gobierno actual.

Si bien varios sectores que apoyaron inicialmente a Ollanta Humala aguardan un retorno hacia puntos importantes de la “Gran Transformación”, estos  pueden seguir esperando. Pensando en cambios posibles hacia el 2016, se ve poco probable que se puedan tomar medidas drásticas en cuestiones de alianzas regionales con países del eje bolivariano, así como un proceso gradual de estatizaciones de empresas privadas. Humala sabe que rumbo al 2016 se juega el futuro del Partido Nacionalista y su reelección a través de la figura de Nadine Heredia. Si bien el llevar a cabo medidas radicales respondería al electorado que lo apoyo en sus inicios, él sabe que las elecciones se definen en Lima donde predomina un electorado conservador y que no puede darse el lujo de perderlo. Todo es parte del juego político y de los intereses que motivan el accionar de diversos actores en coyunturas especiales.

¿Realmente Corea del Norte representa una amenaza para los Estados Unidos?

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Por: Jean Castañeda

“Creer que un enemigo débil no puede dañarnos, es creer que una chispa no puede incendiar el bosque”, pensó Muslih-Ud-Din Saadi.¿Ello significa que Corea puede dañar a los Estados Unidos?. En relación a esta interrogante, el pasado 3 de abril el secretario de Defensa de EE.UU., Chuck Hagel, aseguró que Corea del Norte supone un peligro real y claro y declaró que el país está colaborando con otras naciones, y particularmente con China, para cesar el conflicto[1]. Asimismo, el embajador de Corea del Sur ante la ONU, Kim Sook, dijo que las amenazas deben ser tomadas en serio, pero que no debe haber pánico. De acuerdo a lo anteriormente mencionado, la CNN/ORC Internacional realizó una encuesta entre el 5 y 7 de abril a 1.012 estadounidenses adultos que fueron entrevistados vía telefónica. Un 41% de los estadounidenses considera que Corea del Norte representa una amenaza latente para su país. Otro 41% considera que Corea del Norte es una amenaza a largo plazo, y un 16% cree que el régimen asiático no es una amenaza[2].

Origen de la retórica.

Esta retórica bélica del joven líder norcoreano Kim Jon-Un de pretender enfrentarse a la primera potencia mundial en cuanto a riqueza económica, militar y desarrollo tecnológico se origina en febrero de 2013 cuando Pyongyang realizó su tercera prueba militar subterránea, considerado por Washington y sus aliados como una provocación. En respuesta a este desafío, en marzo de 2013 el Consejo de Seguridad de la ONU le impone sanciones internacionales, apoyado incluso por China, pese a que durante varias décadas, éste ha sido el aliado más cercano de Corea del Norte, el mayor socio comercial y la principal fuente de ayuda. Por su parte, EE.UU. y Corea del Sur realizaron ejercicios militares conjuntos que se extenderán hasta este mes. La respuesta de Pyongyang fue declarar que nulificaba el armisticio entre el Norte y el Sur de 1953 y amenazó con ataques nucleares contra los Estados Unidos, algo que la mayoría de los observadores políticos señalan que Corea del Norte no es capaz de llevar a cabo.

 Falta una participación más activa de China.

Por otro lado, países como Rusia, Irán y Suiza se han pronunciado sobre esta preocupante situación entre las dos Coreas, pidiendo a ambas partes que solucionen sus asuntos aplicando las vías más pacíficas y el diálogo, a diferencia de Japón que ordenó a sus fuerzas armadas el derribo de todo misil norcoreano que apunte a su territorio. La postura de Corea del Sur es que no tienen temor a las amenazas de Kim John-Un y que están acostumbrados a éstas desde hace varias décadas, pero están alertas a cualquier ataque. En el caso de China, que aún no ha asumido una postura, es conocida su pretensión por desplazar a Estados Unidos como potencia sin embargo, por la excelente relación socio-comercial que mantienen, es necesario que asuma una participación activa en la resolución de este conflicto para preservarla, “de lo contrario solo quedará como una aliada menor de Corea del Norte y, evidentemente, China no querrá proyectar esa imagen al mundo”[3].

 Cese de la desnuclearización.

Muchos analistas, incluso John Kerry, reiteran que Corea del Norte no tiene la capacidad suficiente para realizar un ataque nuclear, sin embargo, reconocen que el país asiático tiene mucha potencia de fuego militar convencional, incluidos misiles balísticos de medio alcance capaces de transportar explosivos de alta potencia a cientos de kilómetros. Los comentarios del diplomático estadounidense suceden luego de un viaje de tres días por Corea del Sur, Japón y China, e instó a éste último a presionar a Pyongyang a bajar el tono de sus provocaciones para negociar una solución pacífica y que el norte cese en los avances de la desnuclearización, de lo contrario China detendría el subsidio económico que le da a Corea del Norte.

 Corea del Norte no representa una amenaza para Estados Unidos.

Con respecto a la declaración de guerra de Corea del Norte a Corea del Sur, ésta no se dará, en razón a que, el objetivo de Kim no es destruir a la región del sur, sino ejercer su poder sobre éste; probablemente ataque a Japón o a Estados Unidos y, estaría en la capacidad de hacerlo pero si lanza un misil y cae en una ciudad norteamericana, la respuesta sería letal, por más pequeño que haya sido el objetivo. A demás, si se quiere declarar una guerra, no se va a anunciar que vas a hacerlo, se dispara de frente y se acabó. No es una estrategia inteligente decir “te voy a atacar”. Cabe resaltar que, en Corea del Norte la clase dirigente lleva una vida fascinante. Ellos no van a arriesgar su statu quo para quedar en la pobreza. No tendría sentido hacer una guerra porque los perjudicaría de manera irreparable.

Finalmente, sólo queda esperar a que Kim Jon-Un declare una especie de alto al fuego y diga que están listos para sostener conversaciones con los Estados Unidos. No hay límite de tiempo, sólo queda esperar, esto es como un ajedrez geopolítico, y los demás actores estarán esperando que ficha se mueve primero para decidir su intervención.

 


[1] Noticia publicada por RT en Español el 06 de abril de 2013, bajo el título de: “¿Cuántas cargas nucleares tiene Corea del Norte?”.

[2] Noticia publicada por CNN en Español el 08 de abril de 2013, bajo el título de: “Encuesta revela alta tensión en EE.UU. por las amenazas de Corea del Norte“.

[3] Artículo publicado por la PUCP el 06 de abril de 2013, bajo el título de: “Corea del Norte: ¿Habrá conflicto?”.

La Dama del Ajedrez

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Por: Piero Miranda Carrillo

Desde el inicio del gobierno del presidente Humala, se comenzó a especular más y más acerca del papel que ejercería su esposa  Nadine Heredia en el gobierno. Del mismo modo, se mostraron cifras muy alentadoras respecto a su creciente popularidad y de una posible candidatura presidencial hacia el 2016, la cual genera hasta ahora controversias.

Nuestro objetivo no es a tratar de confirmar si Nadine Heredia será candidata o no, sino esclarecer dentro de su virtual candidatura, estas  estrategias y negociaciones  que se generarían con los diversos  partidos y líderes políticos. Una de las primeras preguntas que brotan cuando se menciona más y más a Nadine Heredia es acerca de cuál sería el papel del Partido Nacionalista, del cual es cofundadora, y del mismo Ollanta Humala, en sus planes políticos.

El nacionalismo sabe que Humala no será capaz de agrupar nuevamente ese electorado ni congregar a grupos de izquierda en futuras elecciones. Así, la candidatura de la primera dama se convierte en un “all in” político, pues al ser ilegal, generaría rechazo entre sus aliados, lo que le restaría apoyo y quedaría a merced de los otros partidos políticos que estigmatizarían al partido nacionalista por la candidatura de Heredia. Además, una Nadine Heredia, sin los beneficios de ser primera dama, tendría menos posibilidades de éxito electoral hacia el 2021, sumado a cargar con el pasivo del tibio gobierno de Humala, lo cual convierte su candidatura en un todo por el todo político. Vale recordar que tanto García como Toledo, no propusieron candidatos a la presidencia como una manera de asegurar su retorno, pero parece que a Humala no le molesta la idea de que su esposa sea la próxima mandataria, pues ni él ni el partido oficialista, salen a desmentir la idea, sino más bien a apoyarla implícitamente.

Esta estrategia de querer asegurar una figura fuerte del partido gobernante que postule a la presidencia de la República, no resulta tan sencilla. Así pues, Keiko Fujimori, que obtuvo un gran apoyo en las últimas elecciones presidenciales, sería una de las contrincantes de Heredia para  el 2016, es por ello que el tema del indulto ha sido un dolor de cabeza para el presidente Humala, pues un NO al indulto, sepultaría su relación con el fujimorismo y le cerraría apoyo a una posible candidatura de Heredia. Pese a ello, dentro del Partido Nacionalista  habrían llegado a la conclusión de que no hubiesen obtenido un gran apoyo político del fujimorismo de todas formas, pues Fujimori representa directamente esta otra opción femenina para la presidencia, razón por la cual la mayoría de sus miembros optó por mostrarse libremente  en contra del indulto a Alberto Fujimori, mientras el presidente Humala ha optado por un largo silencio.

Alejandro  Toledo por su parte  se ha mostrado desentendido en el tema, y han sido sus propios partidarios los cuales se han pronunciado en contra de la candidatura de Heredia, dejando a Toledo en una posición cómoda frente al nacionalismo, en caso de que se produzca una futura alianza con Heredia. Alan García en cambio,  es uno de los que más reacios se ha mostrado en negociar ante la “reelección conyugal”, como él lo ha catalogado. García sabe que no hay espacio para tantos políticos y que proyectarse en contra de Fujimori en una  virtual segunda vuelta, no sería un escenario tan complicado como proyectarse contra Heredia, ya que el Fujimorismo genera aún muchos anticuerpos.  Con esto, el nacionalismo tiene plena conciencia de lo importante que es frenar a Alan García, pues el dos veces presidente ganó una anterior elección contra Humala, por lo cual esta lucha de poderes entre ambos solo tiene un resultado sin términos medios , ganar  o perder.

Finalmente, en el caso de Lourdes Flores y PPK, Flores ha evitado profundizar en el tema señalando simplemente la ilegalidad  de la candidatura y mostrando  poca preocupación al respecto,  dejando abierta la posibilidad de un futuro acercamiento político. PPK  por su cuenta, dejó a entrever de que se mostraba en contra, pero tampoco sin ser enfático al respecto y dejando muy ambigua su postura. A todo esto,  ¿Sería realmente conveniente para la gobernabilidad acaso modificar las leyes para concretar una candidatura presidencial y financiarla con el dinero del Estado? No hay que olvidar que en el pasado los cambios de leyes comenzaron  una época nefasta de abusos por parte del gobierno  y de corrupción en sus diferentes estamentos,  problema que no logramos erradicar hasta ahora del  país.

¿Sigue siendo Latinoamérica el “patio trasero” de EE.UU?

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Por: Alejandro Mejía Tarazona

El jueves pasado, el Secretario de Estado de EE.UU John Kerry, se dirigió ante el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes y recalcó la importancia de tener un mayor acercamiento hacia Latinoamérica; sin embargo, su discurso fue opacado por la desatinada frase que lanzó y que ha generado controversias en diversos países: hizo referencia a Latinoamérica como el “patio trasero de Estados Unidos”.

La pregunta que surge es: ¿sigue siendo Latinoamérica el tan mal llamado “patio trasero” de los Estados Unidos? En una coyuntura en que se pone en tela de juicio el rol de UNASUR y el futuro que tendrá Venezuela a partir de la elección de Maduro como Presidente, esta frase del Secretario de Estado norteamericano abre un debate interesante sobre el rol de los Estados Unidos en la región durante la última década. Se le acusa a Estados Unidos el haber permitido el surgimiento del no menos famoso “Socialismo del Siglo XXI” (término acuñado por Heinz Dieterich) teniendo como su máximo exponente a Venezuela y particularmente, como su impulsor al fallecido Hugo Chávez. Sin embargo, este nueva ola de gobiernos de izquierda en la región surge explícitamente debido al agotamiento del modelo neoliberal que no supo contrarrestar las brechas de la desigualdad aún imperante y que trajo como consecuencia la aparición de líderes como Rafael Correa y Evo Morales, en Ecuador y Bolivia respectivamente. A esto, hay que agregarle el factor de las guerras emprendidas por EE.UU en Medio Oriente, particularmente el caso de Irak y Afganistán.

Si bien el 11 de Septiembre de 2001, marcó un antes y después en la relación entre EE.UU y Latinoamérica, es claro que los Estados Unidos ha perdido ese rol en la región ante los altos costos de las guerras contra el terrorismo en Medio Oriente, una crisis económica que aún muestra signos leves de recuperación y el posicionamiento de China con aliado estratégico de Latinoamérica en materia económica. La importancia de los mercados asiáticos para las exportaciones de diversos países y el que China se haya convertido en un acreedor importante, ha situado a Latinoamérica como una región estratégica del comercio mundial.

Si a lo anterior, le sumamos la aparición de organismos multilaterales contestatarios a la influencia de EE.UU en la región, como UNASUR, vemos que se ha dado un proceso de debilitamiento de rol protector de EE.UU hacía algunos países estratégicos de la región. Del mismo modo, con el fallecimiento de Hugo Chávez, las declaraciones del Secretario de Estado pueden significar un primer desafío para la diplomacia norteamericana en recuperar viejos espacios de influencia perdidos durante los últimos años y, con ello, no perder el paso en la pugna con una China que cada vez se va convirtiendo en un socio comercial importante de algunos países latinoamericanos.

Estados Unidos está armando una nueva estrategia de acercamiento hacia los gobiernos de la región, pero frases como la del Secretario Kerry, impregnadas de una interpretación perversa de la Doctrina Monroe (“América para los americanos”), no ayudan a generar las simpatías en gobiernos de izquierda que son férreos críticos de la influencia norteamericana. Asimismo, la decisión de no reconocer la victoria de Maduro en Venezuela y criticar el rol de los organismos regionales como UNASUR y la OEA frente a esta coyuntura, pone en evidencia la estrategia de Estados Unidos de volver a asumir el protagonismo perdido durante la última década. Latinoamérica no es más el “patio trasero” y pensar lo contrario, es quitarle el crédito a una región que ha venido cobrando importancia en la escena internacional durante los últimos años con liderazgos como el de Venezuela y Brasil.

¿Realmente conocemos qué sucede en Corea del Norte?

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Por: Hernán Tello

Este artículo no pretende informar, intenta mostrar una perspectiva crítica de cómo se desarrolla la cobertura respecto a las tensiones intercoreanas.

La tensión intercoreana ha tomado gran parte de los titulares de este mes. Sólo opacada por temas locales, la elección en Venezuela y el reciente atentado en Boston, la latencia del conflicto entre Corea del Norte y Corea del Sur ha permanecido en las redacciones periodísticas de forma constante, preocupando a la población mundial sobre los posibles efectos debido a que se habla de una posible tercera guerra mundial.

Se dice mucho respecto al tema: las armas nucleares que Corea del Norte posee (o las que no)[1], la estrategia conjunta de Corea del Sur y los Estados Unidos para enfrentar el tema, el rechazo al conflicto por los aliados históricos de los norcoreanos, entre otros. Sin embargo, el afán de generar noticias de gran impacto ha distorsionado respecto lo que realmente debe informarse: Presentar  los actores en conflicto, analizando su situación actual que permita explicar sus decisiones. Si bien se conoce parte de la realidad norcoreana, ¿cuántos entre nosotros cuestionamos e indagamos acerca de la información que llega a nuestras manos?

Es de vital importancia conocer la situación política, social y económica de un país para poder comprender los intereses que marcan su accionar en el sistema internacional. Justamente, ese es el gran problema que existe en este extraño país y que los periodistas han usado inteligentemente para crear su propia caracterización, guiada por la línea editorial -algunos a favor y otros en contra- que cada empresa de informaciones decide tener. Como estudiante he tenido la oportunidad de ver distintos enfoques de análisis, entre los cuales el realismo -que habla de actores internacionales cuya conducta está condicionada a intereses de diversos tipos- ha sido de mi particular aprecio.

Desde su creación en 1948, las restricciones de acceso a Corea del Norte han ido ampliándose de tal modo que actualmente existe un nivel de aislamiento y secretismo muy altos. Lo mismo ocurre desde el interior, ya que los norcoreanos se informan por agencias del gobierno y el acceso a internet es muy restringido. Es por ello que John Sweeney, periodista de la BBC se sumerge de forma clandestina en este país a través de un grupo de estudiantes del London School of Economics que realiza una excursión para realizar una investigación que hace poco fue presentada en formato documental[2].

El reporte reafirma las condiciones precarias del país y el estado de guerra constante que se vive,  con profundo hermetismo y recelo respecto a las actividades que se realizan sustentadas en esta situación de conflicto. Cabe preguntarnos: ¿Quién nos quiere mostrar esa imagen? ¿Corea del Norte?  ¿Estados Unidos y Corea del Sur?

La presencia de Sweeney en la zona generó gran controversia en el Reino Unido por diversos motivos que personalmente considero pueden ser muy debatibles. El material recolectado permite actualizar la imagen que se tiene de este país y, aunque muchas de estas cosas ya se sabían, es importante en este momento recordar aquello que nos permita discernir,  tomar precauciones y alejarnos de la costumbre de generar buenos y malos como si todo fuese una gran película. Detrás de todo esto están más de 24 millones de norcoreanos y otros varios millones más de los distintos actores que puedan involucrarse en el conflicto y cuyas vidas están permanentemente en riesgo ante un posible ataque.

Y Usted, ¿Cuánto sabe de Corea del Norte?

Thatcher y Gorbachov

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Por: Anthony Medina Rivas Plata
Licenciado en Ciencia Política (UNMSM) y Profesor de la Facultad de Derecho (UTP-Arequipa)

En el Perú, así como en el resto de América Latina, el fallecimiento de la ex primera ministra británica Margaret Thatcher ha suscitado una ola de comentarios que rememoran su participación en dos hechos de importancia para la historia reciente de nuestro continente: El primero, su apoyo a la sangrienta dictadura de Augusto Pinochet en Chile; y el segundo, la guerra entre el Reino Unido y Argentina por la posesión de las Islas Malvinas (en la que como sabemos, nuestro país se puso del lado argentino, apoyando incluso con armamento y personal militar). Aparte de ello, también se la suele identificar como la precursora ideológica de la implementación de modelos económicos neoliberales en nuestra región; pero lo cierto es que fuera del tema de las Malvinas, América Latina nunca fue prioritaria para su Política Exterior. Sin embargo, una faceta poco mencionada sobre la vida política de Thatcher fue la de su participación en las negociaciones que llevarían a la desintegración del bloque comunista en Europa del Este y posteriormente, a la de la misma Unión Soviética a finales de los años 80 e inicios de los 90.

Thatcher mantuvo sendas reuniones con el líder soviético Mijail Gorbachov desde 1984, antes que éste fuera electo Secretario General del Partido Comunista. Durante sus reuniones, ambos demostraron un respeto mutuo a pesar de las profundas diferencias ideológicas existentes entre ellos (Cabe recordar que si bien Gorbachov buscaba una mayor apertura política y libertad de expresión en su país, éste siempre fue un creyente del comunismo como ideología y de la viabilidad de la Unión Soviética como sistema político). En ese sentido, Thatcher tuvo en Gorbachov a un excelente interlocutor con el que pudo coincidir en diversos aspectos de la agenda del momento, el papel de la URSS en el comercio internacional, y el relajamiento de las tensiones con los Estados Unidos como condición externa necesaria para la realización de las reformas internas que buscaba el nuevo liderazgo soviético.

A pesar de las coincidencias entre ambos, hubo algunos puntos de divergencia entre Thatcher y Gorbachov. El más importante, el concerniente al papel del armamento nuclear en el mundo contemporáneo. Tanto Ronald Reagan como Gorbachov estaban de acuerdo con una desnuclearización progresiva de sus respectivos arsenales, promoviendo mecanismos de no-proliferación que conduzcan a un mundo libre de este tipo de armas para siempre; a la vez que eran priorizados otros aspectos de la defensa nacional. Thatcher no estaba de acuerdo con ellos por dos motivos: Primero, porque el equilibrio del poder durante la Guerra Fría estaba basado en este tipo de armamento, el cual había servido como elemento de disuasión de una posible III Guerra Mundial entre las superpotencias. Y segundo, porque un desmantelamiento de este sistema habría tenido un potencial desestabilizador a futuro, ya que tanto la URSS como los Estados Unidos disponían del conocimiento y la tecnología suficientes para reconstruir este tipo de armas en poco tiempo; por lo que un cambio en el liderazgo soviético (un posible golpe de Estado conservador contra Gorbachov, por ejemplo) habría conducido nuevamente a una carrera armamentista.

Si bien la opinión de Thatcher sobre las armas nucleares era ya conocida, no lo fue su posición con respecto al problema germano. En una reunión privada de septiembre de 1989 Thatcher le comentó a Gorbachov que su país estaba en desacuerdo con una reunificación de las Alemanias Occidental y Oriental. Según ella, el resto de países miembros de la OTAN así como el Presidente Reagan opinaban que una Alemania reunificada exigiría rediseñar las fronteras europeas, algo que podría representar un problema de seguridad a largo plazo. Como fuere, dos meses después cayó el Muro de Berlin, y con él, el comunismo en Europa se desmoronó como un castillo de naipes.

La posición de Thatcher sobre Alemania refleja su visión sobre la relación entre los principios ideológicos y la acción política propiamente dicha. Si bien la reunificación alemana fue sumamente beneficiosa para el aumento de las inversiones extranjeras y el libre comercio internacional, algo con lo que Thatcher siempre ha estado muy de acuerdo; como conocedora de los dilemas del poder, ella sabía muy bien que una Alemania reunificada y fortalecida económicamente volvería a buscar un liderazgo político en Europa que terminaría colisionando con los intereses de Inglaterra a largo plazo. Este no fue un tema concerniente sólo a la primera ministra. Al menos desde la segunda mitad del siglo XIX, esta preocupación ha estado en el centro de los debates del resto de potencias europeas que han buscado formar un contrapeso al poder alemán. Recordemos que tanto la primera como la segunda guerra mundial, han sido consecuencia de este fenómeno geopolítico.

¿Dónde radica la amenaza para los conservadores? Apuntes sobre la izquierda popular y una oferta político-electoral de izquierda

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Por: José Manuel Mejía Villena

Un sector de la clase política nacional al que se podría caracterizar como conservador, siempre que surgen coyunturas marcadas por la confrontación que ejercen ciertos grupos sociales –los cuales pueden ser identificados como “populares”– utilizando la protesta política como recurso (Lipsky, 1968), configura un discurso orientado a identificar la acción colectiva disruptiva (Tarrow, 1997) que desarrollan dichos grupos como parte de la estrategia de una izquierda radical que busca crear inestabilidad en el país.

Así, es posible percibir en el discurso que desarrolla este sector conservador la supervivencia de la asociación entre “lo popular y la izquierda”, una relación que marcó las ciencias sociales peruanas durante las décadas del 70 y 80, configurando también la emergencia de nuevos actores políticos que se autoproclamaban sus portavoces (Rochabrún, 1992). Curiosamente, la posibilidad de que dicha relación se estructure manteniéndola como un elemento clave del discurso de este sector conservador de la política señala como una amenaza latente la manifestación de la política popular por medios no institucionalizados (particularmente la protesta política) en tanto representan la reestructuración de una izquierda popular.

Pero, ¿es la reconfiguración de la izquierda popular la real amenaza que percibe este sector conservador al otro lado del escenario? Se propone la reflexión en relación a estos supuestos que componen un discurso político funcional a conservar un estado de la política peruana cuya real amenaza se diferenciaría del discurso que construye, señalando radicalismos arraigados ideológicamente, cuando en la práctica busca impedir que emerja una oferta política electoral con mayor atractivo desde el lado izquierdo del escenario.

En este sentido, se distingue entre una reorganización de la izquierda popular y el desarrollo de una oferta político-electoral de izquierda. La reestructuración de una izquierda popular depende de la capacidad de las organizaciones ideológicamente ligadas a proyectos políticos de largo plazo con miras a generar algún tipo de cambio social. El desarrollo de la izquierda popular implica que el movimiento popular se contenga, es decir, se encuentre representado en partidos de izquierda, que la organización de la protesta política obedezca a los objetivos y a la capacidad de movilización de recursos que desarrollen las organizaciones de izquierda.

El señalamiento de una reestructuración de la izquierda popular magnifica el alcance que tienen las organizaciones de izquierda para lograr estos objetivos. Asimismo, se tiende a asumir que la protesta política es un instrumento de la izquierda radical para desestabilizar al gobierno, cuando en realidad en términos organizacionales esto difiere considerablemente. Del mismo modo, con la actuación de los movimientos de protesta cuyas organizaciones no se estructuran con criterios ideológicos ni dependen de un proyecto político partidario, sino que aparecen como actores constituidos alrededor de reivindicaciones populares.

Por otro lado, la formación de una oferta político-electoral de izquierda constituye un proyecto político de corto plazo y con resultados menos ambiciosos, una oportunidad política alrededor de la cual pueden aglomerarse un conjunto de actores políticos no necesariamente vinculados organizacionalmente a la izquierda, una opción a la que pueden arribar con mayores posibilidades de éxito, demandándoles menor trabajo político.

Así, el discurso que desarrolla un sector conservador de la política, señalando como amenaza latente la existencia de actores oscuros tras los movimientos de protesta o los actores populares que la desarrollan, resulta en una asociación equivocada entre la izquierda y lo popular. Dicho discurso en realidad pretende estigmatizar a toda la izquierda como un rezago del terrorismo y asociarla a posturas radicales con potencialidades limitadas en cuanto a lo que puede aportar al desarrollo del país, generando una resistencia hacia lo que compone su real temor: la amenaza que representa la formación de una oferta político-electoral de izquierda que pueda tornar la competencia electoral en escenarios aún más competitivos.

Referencia:

Lipsky, M. (1968). Protest as a political resource. The American Political Science Review, 62(4), 1144–1158.

Rochabrún, G. (1992). Del Mito Proletario al Mito Popular (Notas sobre el caso peruano). In A. Adrianzén & E. Ballón (Eds.), Lo Popular en América Latina ¿Una visión en crisis? (pp. 101–115). Centro de Estudios y Promoción del Desarrollo.

Tarrow, S. (1997). El poder en movimiento. Los movimientos sociales, la acción colectiva y la política. Madrid: Alianza Editorial.

Venezuela y el futuro de la integración latinoamericana

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Por: Alejandro Mejía Tarazona

Venezuela hoy decide su futuro. Después de días de una intensa campaña política, entre hechos curiosos y adjetivos muy duros entre los candidatos, la oposición y el oficialismo se enfrentan ante el veredicto final de los venezolanos que acudirán hoy a las urnas. Por un lado, un oficialismo sin su máximo representante Hugo Chávez y con su “delfín” Nicolás Maduro, ha desarrollado una campaña simbólica, recurriendo siempre a la figura del Comandante Presidente, incluso declarándose ante el mundo como “el hijo de Chávez”. Del mismo modo, la oposición en el país caribeño, teniendo a su máximo representante en la figura de Henrique Capriles, se ha enfrascado en una lucha directa contra Nicolás Maduro, perdiéndole el temor a enfrentarse directamente al oficialismo y criticar la figura de Hugo Chávez.

Mientras se juegan muchos intereses dentro de la política interna venezolana, como los programas sociales que son herencia del chavismo, hay cuestiones importantes a tomar en cuenta sobre el futuro del regionalismo sudamericano. No podemos negar que Venezuela ha tenido un rol vital en las nuevas estructuras del regionalismo a principios del Siglo XXI, sobre todo bajo el liderazgo del desaparecido Hugo Chávez. En este contexto, en Latinoamérica se ha configurado un “regionalismo posliberal”, teniendo como sus exponentes a UNASUR y el ALBA, que nacieron como respuesta a la OEA y el ALCA, respectivamente. Podemos entender este regionalismo bajo una idea principal: una nueva configuración de integración latinoamericana en contraposición a la influencia de Estados Unidos en la región.

La pregunta que surge es si este regionalismo se mantendrá si gana hoy Maduro o Capriles. Mientras que muchos ponen en duda el liderazgo de Maduro, en clara alusión a la figura siempre presente de Hugo Chávez, el reto estará en poder conservar ese camino de la integración sudamericana y que la diplomacia venezolana mantenga sus estructuras actuales. Otros escenario podría suceder si Capriles llega al poder, donde resulta muy impredecible saber cuáles serán sus acciones a tomar en cuestiones de política exterior y, sobre todo, debido a la influencia notable de Cuba y sus intereses por el petróleo venezolano.

Solo queda esperar los resultados electorales del día de hoy y estar atentos a las primeras acciones diplomáticas que llevará a cabo el nuevo gobierno desde Caracas. Todas las miradas estarán puestas en Venezuela, que durante los años de gobierno de Chávez pudo posicionarse como un actor importante en el sistema internacional y que hoy pone en juego su herencia en materia de política exterior.

El eslabón perdido, o el uso de la evidencia práctica para la toma de decisiones.

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Por: Diego Salazar

Toda política pública alberga una cuota enorme de incertidumbre que, paulatinamente, se va reduciendo en cuanto encontramos evidencias que nos indican la dirección que dichas políticas toman desde su formulación hasta su implementación. Nos indican, además, si estas cumplirán con los objetivos y metas planteadas, utilizando los recursos públicos de manera eficiente, minimizando los costos e impactando positivamente en los beneficiarios.

El rol de la investigación y la consecuente  generación de evidencia aparecen como insumo principal para la reducción de este grado de incertidumbre respecto del derrotero de las políticas públicas y, sobretodo, nos ayuda a comprender el grado de cumplimiento de las metas trazadas.

En nuestro medio, sin embargo, los temas de gestión pública parecen desconectados de las investigaciones técnicas. Existe un problema de operacionalización de los reportes, investigaciones, notas y demás evidencia para la toma de decisiones públicas y cómo estas se pueden manifestar en insumos útiles para el cambio, la redirección o el mantenimiento de una política pública.

Dos errores comúnmente observados en la gestión local para la provisión de información  en la toma de decisiones son fácilmente observables: de un  lado, gran parte de los diagnósticos desarrolladas para identificar y clarificar un problema público presentan metodologías ad-hoc que generan un sesgo en el tipo de direcciones que las políticas puedan tomar; y por otro lado, el uso de los indicadores de proximidad (con una cuota de deducción) suplen el ejercicio de la búsqueda de los eslabones de evidencia entre la suposición y la realidad.

Tanto académicos como funcionarios han manifestado preocupación sobre la forma en la que las investigaciones para la generación de evidencia se desarrollan bajo esquemas que van, inclusive, en contra de la metodología misma. El fin de la practicidad se superpone al de la rigurosidad para la generación de la evidencia. Después de todo, presentar resultados siempre es más importante a nada.

Más allá de lo dificultoso que uno pueda imaginar, hacer un uso adecuado de las investigaciones y la data existente para el monitoreo de políticas pasa por definir algunos criterios básicos (Nultey & Davis, 2002) como: un consenso en la naturaleza de la evidencia y su validez para el sector público. Preguntas como ¿qué tipo de fuentes tomar en cuenta?, ¿Cuáles mencionar?, ¿Cuáles no? Aparecen, en este rubro, como fundamentales.

Como segundo punto Nultey plantea que, además de las fuentes el problema de los criterios para identificar problemas públicos– o en todo caso medirlos-es una brecha muy difícil de superar. Sin ir muy lejos, el hecho que, tanto la Defensoría del Pueblo, la Presidencia del Consejo de Ministros y la Policía, mantengan diferentes metodologías para el conteo de los conflictos sociales habla mucho de los problemas que nuestro país afronta en materia de datos y estadísticas claves.  Pero puede ser peor, tanto el Ministerio de Salud y la Policía también mantienen estadísticas diferentes para la medición de accidentes de tránsito.

Si no convence tanto la falta de consenso sobre las fuentes ni sobre los criterios. La difusión de la información que eventualmente debería ser de fácil acceso a los ciudadanos, no lo es.  Existen iniciativas como la consulta amigable del MEF que, en realidad, no parecen nada amigables. Los efectos de esta forma de manejo de la evidencia pueden ser peores que ciudadanos menos informados por un acceso restricto (debido a la complejidad) a la información. La incertidumbre propia de las políticas no se reduce, y es muy probable que las decisiones que se tomen, o se basen en fuentes no consensuadas y medidas con poca rigurosidad metodológica; o en todo caso, se basen en el instinto. Ambos con efectos aún más inesperados sobre los beneficiarios finales de las políticas.

Urge, entonces, una mirada rigurosa al proceso de las tomas de decisión de parte de los funcionarios del Estado peruano, ¿en qué basan sus decisiones y el monitoreo de las políticas públicas si las fuentes de información son restrictas y desorganizadas? Hay una serie de preguntas de base que merecen ser resueltas en el inicio del ciclo de políticas. De no ser así, estaremos en el círculo vicioso donde nos interroguemos por qué el gobierno no puede identificar conflictos sociales de manera temprana, o sencillamente,  (no saber) cuántos accidentes de tránsito existen en el país.

Texto citado:

Nutley Sandra & Davies Huw. (2002).Evidence-based policy and practice: moving from rethoric to reality. Research Unit for Research Utilisation. University of St. Andrews.