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China: 24 años después de Tiananmen

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Por: Hernán Tello

“Mientras viva y tenga la oportunidad, quiero contar al mundo la verdad sobre la masacre de Tiananmen”.

Qi Zhinyong, activista chino.

El día de ayer, miles de personas se reunieron para conmemorar la tragedia ocurrida durante las protestas de Tiananmen el día 4 de junio de 1989 (exactamente hace 24 años), un hito importante para la lucha por las reformas políticas frente una China que se mostró opresora ante al reclamo ciudadano de cambio y democracia. Este evento generó múltiples muertos y heridos que varían en número por cada fuente. Es por esta razón, que la comunidad internacional hasta el día de hoy exige al gobierno pronunciarse con cifras oficiales, siendo siempre la respuesta el reclamo gubernamental por “injerencia externa”[1], restando valor a la demanda. Este evento ha permitido al mundo realizar importantes balances respecto a los avances en materia de derechos humanos en el país de la revolución maoísta cuya conclusión general muestra graves maltratos en el presente y la repetida búsqueda de ocultar el pasado.

Las historias post-Tiananmen son múltiples. En cada conmemoración de esta fecha,  los sobrevivientes tienen que soportar ser encerrados en sus casas y protegidos por agentes policiales para evitar contacto con cualquier persona del exterior, sea familiar o periodista que busca cubrir relatos de lo ocurrido. Existen testimonios vivientes como el de Qi Zhinyong [2], activista en el momento de la tragedia que perdió una pierna. En el año 2010, fue secuestrado y puesto en cárcel bajo maltratos debido a su intento de documentar su propia experiencia respecto a las injusticias que fue sometido año tras año, acusado de “crímenes contrarrevolucionarios y querer derrocar al Partido y al socialismo”[3]. Aquel año, Lui Xiaobo –otro activista chino- recibió el premio nobel de la Paz, dedicándoselo a Qi y a otras víctimas de la masacre.

Otra acción valiente es representada por las Madres de Tiananmen, mujeres parientes de víctimas de la represión, que han publicado como cada año una carta abierta exigiendo al gobierno justicia para sus muertos, la apertura del diálogo sobre lo sucedido hace 24 años y la publicación de la lista completa de fallecidos con el objetivo de compensar a las víctimas[4]. El gobierno hasta ahora no ha emitido respuesta alguna al pedido y, al contrario, ha bloqueado el acceso a los cementerios donde se encuentran enterradas las víctimas.

Conocer la verdad de Tiananmen es un privilegio de élite. Los demás ciudadanos nacidos luego de 1989 apenas conocen el tema, no existen referencias en los textos escolares. Sin embargo, la apertura económica ha permitido a la sociedad china acceder a servicios de información a través de internet, trayendo una oleada de activismo virtual y una real amenaza al gobierno de la Republica Popular, por lo que se decidió exigir la censura de páginas relacionas del exterior y los resultados de búsqueda de algunos términos como “4 de junio”, “Tiananmen” o “vela”[5], siendo el principal afectado la red social de microblogging Weibo, la versión china de Twitter, en donde se reportaron la mayor cantidad de bloqueos. La principal sanción ha sido la cárcel, por lo que muchos han sido rastreados y encarcelados por el simple hecho de buscar datos respecto a la tragedia[6].

Ante la dificultad surge la creatividad. El gobierno no ha podido censurar de forma efectiva las expresiones con mensaje encriptado como “Nunca olvidaré los sucesos de aquel día en aquel año”. Otra evidencia que se ha producido este año es la victoria de los memes: el uso de esta herramienta lúdica ha permitido difundir la fecha de forma ingeniosa, siendo detectada tardíamente, luego de haberse propagado a nivel mundial y generado múltiples réplicas.

Finalmente, es increíble observar que la reacción del gobierno chino pueda ser tan ligera e indiferente frente a lo evidente. Declarar que Estados Unidos tiene “prejuicios respecto a la masacre” e instarlo a rectificarse por sus ofensas, además de argumentar su posición con los avances económicos y supuestamente democráticos (“Todos los ciudadanos chinos disfrutan de amplios derechos y libertades”)[7] suena a querer evitar cualquier debate en torno a dicho suceso. Las Organizaciones pro-derechos humanos en el mundo deben seguir incidiendo por la lucha por las libertades de los ciudadanos chinos.

Postdata: Son grandes las coincidencias de la vida. El día de ayer falleció Chen Xitong, alcalde de Pekín durante las protestas.


[3] Íbid.

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¿Realmente conocemos qué sucede en Corea del Norte?

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Por: Hernán Tello

Este artículo no pretende informar, intenta mostrar una perspectiva crítica de cómo se desarrolla la cobertura respecto a las tensiones intercoreanas.

La tensión intercoreana ha tomado gran parte de los titulares de este mes. Sólo opacada por temas locales, la elección en Venezuela y el reciente atentado en Boston, la latencia del conflicto entre Corea del Norte y Corea del Sur ha permanecido en las redacciones periodísticas de forma constante, preocupando a la población mundial sobre los posibles efectos debido a que se habla de una posible tercera guerra mundial.

Se dice mucho respecto al tema: las armas nucleares que Corea del Norte posee (o las que no)[1], la estrategia conjunta de Corea del Sur y los Estados Unidos para enfrentar el tema, el rechazo al conflicto por los aliados históricos de los norcoreanos, entre otros. Sin embargo, el afán de generar noticias de gran impacto ha distorsionado respecto lo que realmente debe informarse: Presentar  los actores en conflicto, analizando su situación actual que permita explicar sus decisiones. Si bien se conoce parte de la realidad norcoreana, ¿cuántos entre nosotros cuestionamos e indagamos acerca de la información que llega a nuestras manos?

Es de vital importancia conocer la situación política, social y económica de un país para poder comprender los intereses que marcan su accionar en el sistema internacional. Justamente, ese es el gran problema que existe en este extraño país y que los periodistas han usado inteligentemente para crear su propia caracterización, guiada por la línea editorial -algunos a favor y otros en contra- que cada empresa de informaciones decide tener. Como estudiante he tenido la oportunidad de ver distintos enfoques de análisis, entre los cuales el realismo -que habla de actores internacionales cuya conducta está condicionada a intereses de diversos tipos- ha sido de mi particular aprecio.

Desde su creación en 1948, las restricciones de acceso a Corea del Norte han ido ampliándose de tal modo que actualmente existe un nivel de aislamiento y secretismo muy altos. Lo mismo ocurre desde el interior, ya que los norcoreanos se informan por agencias del gobierno y el acceso a internet es muy restringido. Es por ello que John Sweeney, periodista de la BBC se sumerge de forma clandestina en este país a través de un grupo de estudiantes del London School of Economics que realiza una excursión para realizar una investigación que hace poco fue presentada en formato documental[2].

El reporte reafirma las condiciones precarias del país y el estado de guerra constante que se vive,  con profundo hermetismo y recelo respecto a las actividades que se realizan sustentadas en esta situación de conflicto. Cabe preguntarnos: ¿Quién nos quiere mostrar esa imagen? ¿Corea del Norte?  ¿Estados Unidos y Corea del Sur?

La presencia de Sweeney en la zona generó gran controversia en el Reino Unido por diversos motivos que personalmente considero pueden ser muy debatibles. El material recolectado permite actualizar la imagen que se tiene de este país y, aunque muchas de estas cosas ya se sabían, es importante en este momento recordar aquello que nos permita discernir,  tomar precauciones y alejarnos de la costumbre de generar buenos y malos como si todo fuese una gran película. Detrás de todo esto están más de 24 millones de norcoreanos y otros varios millones más de los distintos actores que puedan involucrarse en el conflicto y cuyas vidas están permanentemente en riesgo ante un posible ataque.

Y Usted, ¿Cuánto sabe de Corea del Norte?