Archivos diarios: junio 1, 2014

Ollanta Humala y los vicios de la descentralización

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Por: Alejandro Mejía Tarazona (PUCP)

Hace un par de días, el Presidente Ollanta Humala llevó a cabo el XVI Consejo de Ministros Descentralizado en una de las regiones con mayor pobreza en el Perú: Apurímac. Con promesas por más de S/. 3,000 millones, el Presidente lanzó esta peculiar frase: “Revisen cuando les han traída una inversión así (…) Yo vengo con los ministros y entregamos compromisos de inversión”. Si evaluamos el trasfondo de esta frase, podremos encontrar lo que la población, a través de diversas encuestas, percibe como “falta de capacidad” por parte de Humala. Precisamente, es esa falta de capacidad de Humala de no distinguir la perversión de estos Consejos de Ministros Descentralizados, lo que ponen en duda su capacidad de liderar un gobierno con “inclusión social”.

En primer lugar, si vemos desde un postura crítica el llevar a cabo los Consejos de Ministros Descentralizados, encontraremos que esta estrategia de “llevar el Estado a las regiones” (que por cierto, es una estrategia muy usada por los gobiernos bolivarianos) es una forma de seguir legitimando el fracaso de la descentralización. Si nos ponemos a comparar en las estrategias de llevar el Estado a las zonas más alejadas, quizás ahora los gobiernos de Ecuador y Bolivia resultan mucho más eficientes que el caso del Perú. Haciendo una comparación simple, más que promesas de inversión y pedidos de las autoridades regionales y provinciales por mayor dinero para ejecutar obras públicas en nuestro país, en Ecuador y Bolivia, los presidentes ejercen una labor más de “supervisión de las obras públicas realizadas” que simplemente lanzar promesas de inversión, como en el caso de Humala.

¿Acaso Humala habló de cómo se administrará las regalías del mayor proyecto cuprífero como es las Bambas y que ha sido la adquisición más alta de una minera en la Historia del Perú? Por más que se busque una mejor administración de la inversión que se destina a cada región, aún existe una tarea pendiente en la descentralización: la descentralización administrativa. Por más que se haya logrado la descentralización política, esto ha generado una expansión de la corrupción hasta niveles nunca imaginados. Producto de este proceso truncado de descentralización tenemos hoy el caso del proceso penal que ahora se lleva a cabo contra el presidente regional de Ancash, César Álvarez.

Al haberse consolidado esta descentralización política, se han creado pequeños feudos electorales donde diversos presidentes regionales imponen la ley del más fuerte y buscan ansiosos la reelección con el objetivo de mantener esa captura de la administración regional. Lo que ha permitido esos dieciséis Consejos de Ministros Descentralizados es apoyar esos feudos electorales, puesto más que solucionar los problemas de trasfondo que acontecen en cada región, lo único que Humala lleva a cabo es destinar mayores fondos de inversión hacia regiones donde el aparato administrativo no tiene la capacidad de ejecutar tales cantidades de dinero. Por ello, una tarea aún pendiente del gobierno central, es la trasferencia de técnicos y burócratas capacitados hacia estas regiones, que poco a poco vienen siendo capturadas por mafias amparadas en la criminalidad. Quizás estamos a punto de ver la implosión de otros “Ancashs” en lo que resta de ese año electoral.

Siguiendo lo anterior, todos estos problemas estructurales de la descentralización, paradójicamente, han salido a la luz en este gobierno nacionalista que busca la “inclusión social”. La deficiencia mayor en esta falta de capacidad de gobernar por parte de Humala es caer en el vicio de entender la “inclusión social” como “a mayor dinero que se destina las regiones, más personas formarán parte del modelo económico”. Ya tenemos el célebre y penoso caso de la ineficiencia de la “descentralización de la inclusión social” con la ONAGI y, considero que con eso, ya tenemos suficiente como para disgustarnos.

Finalmente, quizás Humala aún debe entender que con estos Consejos de Ministros solo consigue llevar el Estado “a medias”, porque mientras no se consiga invertir adecuadamente los fondos públicos, los más beneficiados con esta ineficiencia serán los gobiernos regionales y los Cesár Álvarez que seguirán apareciendo. Y como señala Mirko Lauer, es necesario un nuevo regionalismo. Solo queda esperar.

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