Crisis entre amarillos y rojos en Tailandia

Francisco Narrea

Por: Francisco Narrea (PUCP)

Tailandia, país miembro del ASEAM y con el que Perú estableció relaciones diplomáticas en 1965, atraviesa hoy por una severa crisis política y es centro de atención mundial. El 19 de setiembre del 2006, el entonces primer ministro, Thaksin Shinawatra, fue depuesto por un golpe de Estado. El 22 de setiembre de 2006, el rey Bhumibol Adulyadej de Tailandia reconoció, después de tres complicados días, a la junta militar de gobierno (que tiene el nombre oficial de Comisión Nacional para la Paz y el Orden)formada tras el golpe de estado del 19 de setiembre que destituyó a Thaksin Shinawatra, Asimismo, el General Sonthi Boonyaratglin, jefe de la junta, declaraba su lealtad al rey y, con el reconocimiento de la junta como gobierno provisional, derogó la Constitución, disolvió la Asamblea Nacional, la Corte Constitucional, decretó la ley marcial y nombró Primer Ministro interino a Surayud Chulanont.

Hoy, la situación es similar: La hermana de Thaksin, Yingluk Shinawatra fue apartada del poder por el Tribunal Constitucional el pasado 7 de mayo y, el pasado martes 22, el ejército, dirigido por el general Prayuth Chon-Ocha, tomaba el poder con la razón de preservar el orden y seguridad ante la creciente crisis política que atraviesa el país hace más de medio año.  Pero ¿Qué sucede en Tailandia? La ola de protestas se remite a una crisis de representación, que surge de la fragmentación del electorado en dos facciones: “los camisas amarillas y los camisas rojas”. Los primeros son parte de la clase media urbana y que se oponen al poder de la familia Shinawatra; los segundos, aquellos que apoyan a la derrocada ex ministra Yingluck Shinawatra.

Los camisas rojas, principal fuente de apoyo de los Shinawatra, es un conglomerado de sectores rurales y de clases bajas que se vieron beneficiados por políticas económicas como el seguro universal de salud que implementó el exiliado ex primer ministro Thaksin. Asimismo, respaldaron la ley que la influyente familia  promovió, la cual daba amnistía y abría la posibilidad de un retorno del exiliado primer ministro Thaksin, quien huyó a Dubai. Esto generó una serie de protestas por parte de los sectores urbanos de clase media quienes usan el amarillo (color de la monarquía). Este sector es dirigido por Suthep Thaugsuban, ex vicepresidente del opositor Partido Demócrata.

El que el rey y la comunidad internacional respalden o no a la Junta Militar (afín a la monarquía) dependa del factor internacional. El derecho internacional refiere a que el reconocimiento de los gobiernos es distinto al reconocimiento de Estados ya que, por ejemplo, podría no existir relaciones diplomáticas con un Estado y eso no implica que no se reconozca un sujeto de derecho internacional, aunque no se traten mutuamente como Estados, ya que ningún Estado está obligado a reconocer formalmente a otro (reconocimiento de iure)[1]. Los objetivos de reconocer a un gobierno son otros: regular su responsabilidad frente a sus actos[2] (se establecen relaciones diplomáticas por ofrecer ciertas condiciones de seguridad y estabilidad en la Comunidad Internacional) y ello genera oponibilidad[3] (la acción “oponible” que realice tendrá consecuencias ante el sujeto de derecho o erga omnes –ante todos-).

Hay dos corrientes sobre reconocimiento de gobierno que prevalecen. La doctrina Lauterpacht[4] (por el jurista Hersch Lauterpacht) considera que se debe reconocer un gobierno cuando éste evidencia control efectivo sobre el territorio y la población. La doctrina Jefferson[5] (del Thomas Jefferson en Estados Unidos) consideraba el reconocimiento, en cambio, si el nuevo gobierno  era obedecido por la población, si tenía el poder de hacerse respetar y cumplir acuerdos internacionales. En el caso de Tailandia, el golpe de estado ha recibido duras críticas internacionales pero nada parece decir que desconocerán el gobierno que la junta militar vaya a crear. Por su parte, la junta militar asegura tener el respaldo del rey Bhumibol Adulyadej, un personaje muy querido y respetado en el país, por lo que su apoyo resulta clave; no obstante, el rey de 86 años, posee una frágil salud, por lo que es muy difícil verlo en los medios o en público.

Es importante que pese a todo, el respeto por los Derechos Humanos sea un principio inviolable tanto en el bando oficialista como el opositor. La opinión de la Comunidad Internacional no se hizo esperar. Por ejemplo, la ASEAN solicitó “respetar los principios democráticos y el imperio de la ley y a iniciar conversaciones que permitan superar la crisis política”. El gobierno de los Estados Unidos, en cambio, ha advertido a través de su secretario de Estado John Jerry “implicaciones negativas para las relaciones Estados Unidos-Tailandia”, sin medidas punitivas inmediatas y ha puesto en evaluación la asistencia al por millones de dólares. La ONU no dejó de pronunciarse: la Alta Comisionada de Naciones Unidas para Derechos Humanos Navi Pillay, condenó el golpe de Estado y solicitó que se instaure el orden constitucional: “Estoy preocupada por la fuera de un gobierno electo, por la imposición de la ley marcial, la suspensión de la  Constitución y las medidas de emergencia que están restringiendo el disfrute de los derechos humanos”.

La crisis política en Tailandia, no se resolverá tan solo con obligar a líderes a negociar o imponiendo la ley marcial, hecho que no es tomando muy en cuenta por el general (y autoproclamado primer ministro) Prayuth Chan-Ocha. Tampoco es un buen camino el censurar numerosas páginas web informativas y detener personas con el objetivo de evitar el debate y asociación entre opositores. Las causas de la crisis política son más subyacentes a los comportamientos políticos que la junta busca evitar y, quizás, un paquete de reformas políticas, un gobierno de concertación, así como una promoción de la tolerancia y valores cívicos resultarían mucho más eficaces.

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[1] Gomez, Antonio. Reconocimiento de gobiernos.

[2] Santaella, Carla. El derecho internacional público.

[3] Op. Cit.

[4] Monroy, Marco (2002). Derecho internacional público. Quinta edición. Bogotá: Editorial Temis.

[5] Op. Cit.

Publicado el mayo 31, 2014 en Política Internacional y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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