La Lima se tiñe de Rojo

Andrés Vílchez

Por: Andrés Vílchez

En las últimas semanas todos hemos sido testigos ya sea por las noticias matutinas, por la radio o al pasar cada mañana por el quiosco de toda la vida, acerca de la crisis que vive el transporte público en nuestra capital. Esta situación no es algo nuevo para nosotros los limeños. Es un problema que viene dándose desde hace más de 2 décadas sin que nadie  mueva un dedo y acabe de manera drástica con esta pandemia llamada “transporte público capitalino” que parece haber llegado a su punto más alto en las últimas semanas cuando una videocámara grabó en vivo y en directo como una custer de la empresa Orión se subía a la vereda totalmente descontrolada para terminar atropellando a una mujer y aún así siguió su camino como si nada hubiera pasado, para luego descubrirse que el chofer tenía en su historial más de 15 papeletas graves.

Analicemos esta situación desde sus orígenes, nos subimos a la máquina del tiempo y retrocedemos unos 23 años. Exactamente el 25 de julio de 1991, por cierto muy cerca de nuestras queridas fiestas patrias, cuando nuestro “querido” presidente Alberto Fujimori junto a su primer ministro, Jaime Yoshiwama, promulgan el decreto legislativo 651. Sacamos los anteojos, los desempolvamos  y nos dirigimos al artículo 4 que dice textualmente:

“Autorizase excepcional y transitoriamente a las personas naturales y jurídicas en general, a prestar, bajo su responsabilidad, servicio público de transporte urbano e interurbano de pasajeros en todo tipo de vehículos automotores, salvo camiones y vehículos de dos ruedas.” 

Y eso no es todo. En octubre del 92’, el gobierno derogó todas las restricciones para importación de bienes usados, ósea las empresas importadoras tenían la libertad de traer a nuestro país cualquier cantidad de objetos (entre ellos vehículos) ya sean grandes, pequeños, usados, desarmados, chocados, antiguos, sin ningún impedimento. Es aquí donde empiezan a ingresar automóviles sin control a nuestro país, entre ellos las combis, las custers y el famoso Daewoo tico, este último que todos conocemos y vemos diariamente transitar por las calles de nuestra ciudad. Si, ese pequeño y escurridizo cochecito que todos queremos cuando necesitamos con urgencia un taxi barato pero que todos odiamos cuando estamos en nuestros vehículos y se nos cruzan por delante. Los tres vehículos causantes de la mayoría de accidentes ocurridos en nuestro país en los últimos años.

 Pero este no es el único problema que tiene nuestra Lima querida con respecto al tránsito. No, no, no. Si al principio de este artículo dijimos que el conductor causante de varios accidentes tenía más de 15 multas y aún así seguía transitando significa que no solo falló el presidente Alberto Fujimori en el 91’ y 92’, sino que también hay una muy latente falta de autoridad y de calidad humana con respecto en la sociedad limeña. Yo sé que ninguno de ustedes queridos lectores usuarios del servicio de transporte público está de acuerdo con el servicio que recibe. Diariamente podemos ver cobradores malcriados, sin el más mínimo concepto de lo que es el buen trato y las buenas costumbres, mal vestidos y faltos de aseo, y conductores que no respetan ni a señoras de 80 años y que manejan como si estuvieran en una carrera de fórmula uno, cruzándose y cambiando de carril a cada momento. Buses, Custers y Combis que transitan sin botiquín, con el cinturón de seguridad en mal estado, con asientos de más que no permiten la comodidad del pasajero y sincerándonos un poco más, la música a todo volumen, en su mayoría reggaetón, es sumamente incómoda.

 Finalmente y para cerrar esta columna podemos concluir dando en obviedad que aun así se prohíba el uso de  combis y  ticos que siguen siendo un problema pero no el problema en sí. Aquí el problema es la falta del factor educación en la sociedad limeña y la falta de valores. Este último punto para mí es un 90% del asunto. Como también la falta de autoridad que tiene la policía nacional. Aunque… ¿si los policías fueran personas con mayor educación y valores? ¿Seguirían permitiendo esto?

He ahí el dilema…

 

Publicado el abril 17, 2014 en Política Nacional y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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