La Estrategia de la Indefinición y el Reduccionismo de la Gran Transformación

JOSE MANUEL

Por: José Manuel Mejía

Quienes clamaban por la ansiada gran transformación hoy no se ubican en el escenario. La política de inclusión social viene funcionando como un parche efectivo[1] frente a la demanda por el respeto de la hoja de ruta, los desafiadores que denunciaban la traición de Humala hoy se encuentran replegados, sino rezagados, en un extremo del espectro político. Esto puede obedecer a que los desafiadores organizan poblaciones y grupos insatisfechos frente a la actuación del gobierno, pues en tanto la estrategia de inclusión social satisface necesidades básicas para estas poblaciones dichas organizaciones encuentran mayores dificultades para estructurar intereses colectivos alrededor de reivindicaciones. Aunque esto no es válido para todos los desafiadores, representa un problema para las organizaciones de primer grado (que responden directamente a poblaciones).

En este sentido, la estrategia de inclusión social se condice con la búsqueda de estabilidad y aprobación, pero a su vez muestra una preferencia por los programas sociales antes que por reformas. Así, la implementación de reformas como la del sistema universitario representa un costo mayor para el gobierno dada la reacción de actores políticos que se encuentran habituados a interactuar en instituciones bajo una dinámica más o menos rutinaria. Los resultados de la incursión en reformas que colocan al gobierno en un enfrentamiento con los desafiadores experimentados son todavía inciertos.

El resultado parece ser la inamovilidad del gobierno no solo frente a la oposición de los desafiadores sino también al despliegue de los actores políticos en coalición con los grupos de poder económico. En este escenario, la pasividad del gobierno lo dota de estabilidad relativa. Al parecer, la racionalidad de la actuación del gobierno prioriza aquel estado en que su margen de maniobra se limita por el juego de la indefinición, apelando a la aprobación ciudadana y a la confianza de los grupos de poder económico, siempre que tal equilibrio le resulta posible.[2]

Así, la estabilidad relativa depende en parte de sostener la estrategia de inclusión social que apela a recuperar la aprobación de los sectores populares a partir de las obras que puede realizar y de los programas sociales que pone en marcha. Sin embargo, debe advertirse que el receso de los desafiadores no implica su desaparición, el descontento que pueden generar destapes de corrupción o mañoseo político, un mal manejo en la implementación de reformas o la agudización de la crisis de liderazgo presidencial representan amenazas latentes para la estabilidad relativa.

La movilización de los indignados y los resultados obtenidos a partir de ello, aparecen como el embrión en formación de una identidad colectiva que logra activar sujetos políticos y constituirse como un actor político que logró ejercer presión suficiente antes de volver a su estado de latencia. A diferencia de los desafiadores más experimentados, su discurso se expande a grupos a los que estos no llegan con facilidad pero carece precisamente de la capacidad organizacional y de la experiencia en la protesta de la que gozan los desafiadores más cuajados.

La estabilidad relativa, sin embargo, pareciera descansar a su vez en un mecanismo cognitivo que modifica las interacciones entre los actores políticos a partir de “alteraciones de la percepción individual y colectiva” (McAdam, Tarrow, & Tilly, 2005, p. 27). En este sentido, la inclusión social aparece como una estrategia de promoción o como un discurso político antes que como una política de gobierno. De cierta forma, en dicho discurso. el sentido de la gran transformación se reduce y resignifica en la estrategia de inclusión social: un discurso que partió de las bases de la política y tomó forma en la candidatura de Humala es reenmarcado desde las instituciones[3]. Esta estrategia discursiva resulta útil para lograr cierto posicionamiento, dado que el gobierno de Humala tiene que superar un problema de imagen y credibilidad tanto frente a los grupos empresariales como al sector popular.

La puesta en marcha de este proceso abre un espacio sumamente interesante para el debate ideológico y programático, precisamente donde este gobierno no logra cuajar: en la orientación política y económica –en suma el problema de la indefinición. Un discurso que reivindica la transformación social se encuentra siempre abierto a la conceptualización y socialización que hacen de él los actores políticos.

Así, la indefinición del liderazgo de Humala, las limitaciones que contiene la política de inclusión social, y la aparente inamovilidad para la implementación de reformas que afectan los intereses de los desafiadores a un lado y de los grupos de poder económico al otro, representan las principales amenazas para la estabilidad relativa de este gobierno que no alcanza a definirse.

 

Referencias

Cáceres, E. (2013). El poder: realidad e ilusiones. In E. Toche (Ed.), Perú Hoy. Susurros desde Babel (pp. 39–54). Lima: DESCO. Retrieved from http://www.desco.org.pe/perú-hoy/susurros-desde-babel-serie-perú-hoy-no-23-julio-2013

McAdam, D., Tarrow, S., & Tilly, C. (2005). Dinámica de la contienda política. Barcelona: Editorial Hacer.


[2] Véase el análisis de  Cáceres (2013, pp. 43–45) sobre el condicionamiento de Humala frente al despliegue de la derecha en el caso Repsol, por ejemplo.

Publicado el septiembre 3, 2013 en Política Nacional y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: