¿Cómo influye la religión en el parlamento peruano?

congreso alerta 28

Por: Pablo Roca (Invitado especial en la Sección de Gestión Pública)

Estudiante de Ciencia Política y Gobierno de la PUCP

A raíz de la polémica aprobación del proyecto de modificación del “Nuevo Código de Niños, Niñas y Adolescentes”, en la Comisión de la Mujer y Familia del Congreso, un artículo en Diario 16[1] señaló la existencia de un lobby del “fujimorismo”. El artículo da cuenta de la pertenencia de congresistas (miembros de la comisión) a determinados grupos religiosos (evangélicos en su mayoría), pero no relata un proceso de “gestión de intereses”. En las líneas que siguen, analizaré la hipótesis de que esta decisión fue resultado de un lobby. Luego de señalar las limitaciones de esta explicación sugeriré otras posibles lecturas para comprender la influencia de las iglesias y sectas en la producción legislativa.

El Estado no es un todo coherente, tiene en su interior fisuras y contradicciones[2]. (Chatterjee 2007, Mujica 2012). En este marco, el lobby aparece como mecanismo para incluir intereses y demandas privadas en decisiones públicas. Este fenómeno se suele asociar a “malas prácticas” como corrupción, compra de voluntades, entre otros. A pesar de que existe una ley de gestión de intereses y un registro para lobistas y empresas dedicadas al lobbying. Son muy pocos los lobistas formalizados, inscritos en Sunarp. Entonces, “es evidente, por la cantidad de producción legislativa,  que práctica sigue existiendo fuera de la ley y, por lo tanto, que la dinámica de presión funciona a través de prácticas no formales” (Mujica 2012: 11) Para el lobista, formalizarse no es necesario porque lo que quiera lo puede conseguir desde su puesto, valiéndose de redes de contactos[3].

La forma como penetran los privados, vía lobby, es consecuencia del modo de ser del sistema: se organiza y depende de redes de actores. Los lobistas están dentro del sistema. Cualquier funcionario es un lobista real o potencial. Dadas estas condiciones, el parlamento aparece como poroso, como permeable. Sin embargo, si bien está abierto a intereses de “grupos de interés”, unas agendas entran más fácilmente que otras y las posibilidades de éxito del lobby dependerán de las condiciones bajo las que opere: si la mayoría es fujimorista-evangélica-conservadora, una agenda progresista o feminista tiene más complicaciones para inclinar las decisiones hacia sus objetivos.

Por esto la hipótesis del lobby de organizaciones religiosas puede ser cierta, pero no me parece determinante si, como señala el mismo artículo de Diario 16, la confesión religiosa de la mayoría de parlamentarias que votaron da a entender que no necesitan de la influencia de un actor privado, un grupo religioso, para votar como lo hicieron. Su voto podría ser reflejo más de un credo o de un cálculo político-electoral que evidencia de un lobby de grupos conservadores católicos y evangélicos. Podría haberse utilizado dicha herramienta, pero sin ella el resultado sería el mismo. Un tipo de lobby que podría haber alterado el resultado hubiese sido el de organizaciones feministas o progresistas con congresistas afines su postura (¿nacionalistas?)[4] o, en caso aplique, congresistas con una posición menos definida, no claramente conservadora.

Retomando la descripción del lobby, para su realización existen límites: el ejecutivo, los medios, las empresas y la sociedad civil organizada delimitan el alcance del lobby y hacen que en algunos escenarios tenga más posibilidades de éxito que en otros. El mejor escenario para la gestión de intereses es la arena libre, cuando no hay contrapesos o posiciones que colisionen con la agenda privada que se propone. Cuando un tema no encuentra oposición, pasa fácil. Cuando la opinión pública se inclina claramente hacia una dirección, hacer lobby es más complicado[5].

El caso que nos toca analizar no es una arena libre. La respuesta de organizaciones feministas ante la decisión[6] demuestra que hay una colisión de posturas. Por el lado de la opinión pública, habría que revisar encuestas y ver si es posible establecer con claridad una posición mayoritaria en este tema. Sin embargo, el alto porcentaje de peruanos que se autodenominan como “católicos” o “evangélicos” y la alta confianza que tienen en la Iglesia, antes que en las instituciones del Estado, sugieren que las posiciones de las iglesias y organizaciones religiosas influyen en las opiniones de buena parte de peruanos.

Gestionar no es la única opción. Hay un segundo juego: vigilancia (implica estar informados, alertas y pendientes de los temas que se tocan) y bloqueo de iniciativas. El lobby no se usa solo para proponer y gestionar iniciativas, sino para bloquear las de otros, en tanto, constituyen “riesgos” para los interese de determinados grupos. Cuando se avizora la imposibilidad de cambio, optas por bloquear, porque ganas más y es más factible hacer alianzas de ese tipo. Sobre estas dos funciones, me parece que el objetivo de los grupos feministas debió ser el bloqueo. Sin embargo, o el lobby no se hizo, o fue poco efectivo. Si lograron advertir lo que se venía, cumplieron con la función de vigilancia, pero les faltó efectividad en el bloqueo[7].

A modo de conclusión, sugiero pensar la influencia de la religión en la política más allá de un posible lobby. Creo que la ruta apropiada sería una lectura desde la cultura política, como la que realiza Jorge Aragón[8], reconociendo un patrón de relación con arraigo histórico y cultural[9]. En este caso, habría que preguntarse sobre la cultura política de los parlamentarios. Otra forma común de pensar esta influencia es como “poder fáctico”. Sin embargo, la pregunta pendiente es ¿cómo opera dicho poder (formas concretas)? ¿Qué herramientas utiliza? ¿Presión a través de medios de comunicación? ¿Lobby? ¿A través de la cultura política de representantes electos?

Dada la inexistencia de un Estado secular en el Perú, mi intuición es que iglesias y/o grupos religiosos no penetran el sistema político vía lobby, sino que están dentro de éste. Se dice que volvemos al Medievo. La pregunta que me surge es ¿realmente lo dejamos atrás? La influencia de la religión en la política ha existido por siglos. El Estado secular es una invención moderna y en el Perú su aparición está todavía pendiente. Los derechos de la mujer son conquistas que poco a poco se van gestando, son una novedad que desafía un orden político-social (¿religioso?) profundamente arraigado. Quiénes deberían presionar por todas las vías posibles, lobby incluido, son los grupos (feministas, progresistas) que esperan medidas contrarias a las posiciones de grupos religiosos. Este artículo no espera desanimar a nadie, sino ayudar a entender cómo opera el proceso de toma de decisiones en el parlamento en relación a un tema puntual[10]. Espero haber contribuido a dicha tarea.


[2] Las fisuras y contradicciones que se producen en el Estado de una democracia tangencial como el Perú se observan en el parlamento. Su funcionamiento práctico difiere del planteamiento teórico, según el cual es “el campo de debate entre las fuerzas políticas que, a través del intercambio de argumentos racionales toman decisiones que implican la producción de leyes. (Mujica 2012: 1).

[3] El tema pasa no solo porque no hay incentivos o no conviene formalizar y profesionalizar el lobby. No es posible hacerlo debido a problemas de representación y representabilidad: no hay nexo entre representante y representado.

[4] No conozco con claridad las posiciones del grupo parlamentario Gana Perú, a excepción de la de Verónika Mendoza, quien al no asistir les facilitó las cosas a las fujimoristas. Estos es difícil al no ser un partido disciplinado, con orientaciones programáticas reconocibles.

[5] Hay asuntos en los que un consenso mayoritario en la opinión pública: todos estarán de acuerdo en que se tomen medidas para solucionar problemas como la inseguridad ciudadana. Hay otros escenarios posibles: cuando la agenda mediática hace que el tema se retrotraiga, que al estar a la luz de todos los medios sea más difícil de trabajar como lobby; y cuando se negocian intereses contrapuestos evitando que entren a la agenda mediática.

[7] Sobre este punto, quisiera recordar la sugerencia de los politólogos Martín Tanaka y Alberto Vergara sobre la utilidad de sacar lecciones de la película Lincoln: fines muy elevados (como la abolición de la esclavitud) no se consiguen únicamente con una buena argumentación; la mayoría de veces, es necesario negociar, establecer alianzas, debilitar a la oposición, para poder alterar la correlación de fuerzas y ganar el apoyo necesario para conseguir un fin muy noble, para aprobar o bloquear una ley.

[9] Catalina Romero (2010). Religión y política en el Perú 2000-2010. http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/gt/20121213010651/Crucesinterseccionesconflictos.pdf

[10] Podría aplicarse a otros temas, otras leyes, y en cada caso variarían los actores, stakeholders y grupos de interés, y con ello varía los recursos, incentivos y la correlación de fuerzas.

 

 

TEXTOS RECOMENDADOS: 

 

ARAGÓN, Jorge

20XX Religion as a Political Factor in the Andean Countries: An Approximation from Political Culture

 

AMEIGEIRAS, Aldo Rubén

2012  Cruces, intersecciones, conflictos, relaciones político religiosas en América Latina. Buenos Aires: CLACSO

 

MUJICA, Jaris

2012 Hacia una etnografía del Parlamento peruano. Lima: Escuela de Gobierno y Políticas Públicas – PUCP

 

MUJICA, Jaris

2012 El lobby y la negociación de intereses privados. Una mirada etnográfica sobre la estructura y la dinámica de gestión de intereses en el Parlamento peruano. Lima: Escuela de Gobierno y Políticas Públicas – PUCP

 

PATRIAU, Enrique

2012 El Congreso peruano en el proceso de políticas públicas: influencia informal sobre la burocracia. Instituto de Iberoamérica. Universidad de Salamanca

 

CHATTERJEE, Partha

2007 La nación en tiempo heterogéneo y otros estudios subalternos. Lima: IEP, CLACSO, SEPHIS.

 

TANAKA, Martín

2013 Lincoln. La república, 24 de febrero. <http://www.larepublica.pe/columnistas/virtu-e-fortuna/lincoln-24-02-2013>

 

VERGARA, Alberto

2013 Los colores de la revocatoria. Poder, junio 19.   <http://www.poder360.com/article_detail.php?id_article=7060>

Otros textos:

http://www.luc.edu/media/lucedu/dccirp/pdfs/juan_carlos_diaz_lara.pdf

http://campus.usal.es/~dpublico/areacp/Doctorado0406/Seminario0405/Levine05.PDF

 

 

Publicado el junio 22, 2013 en Gestión Pública. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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