Y después de la protesta…La organización popular como recurso político persistente

José Manuel Mejía Villena Foto1
Por: José Manuel Mejía 

Ahora que la atención de algunos analistas se concentra en discernir sobre la retracción de la economía, se hace mención a la alta conflictividad social –particularmente relativa a la obstrucción de proyectos de inversión minera– como una causa de esta desaceleración en el crecimiento. Lejos de defender o justificar la transgresividad de las acciones de protesta y la violencia que implican, en esta oportunidad se identifican algunas externalidades que la contienda política transgresiva[1] viene produciendo, las cuales no tienen necesariamente una connotación negativa.

En el artículo anterior (http://bit.ly/178cAn1) se hizo mención a la estigmatización de la protesta política como una práctica impulsada por la izquierda radical con el fin de generar inestabilidad política. En este artículo se pone énfasis en las capacidades políticas que se desarrollan a partir de la ejecución de la protesta como un repertorio de acción colectiva. En este sentido, se perciben ciertas externalidades que viene produciendo la protesta política fuera de su orientación explícita, tales como 1) la intensa organización que desarrollan los sectores populares y 2) la articulación entre los actores colectivos que constituyen.

Sobre la primera, resulta importante referirse a Dahl (2011 [2005]). El autor señala que la dinámica política resulta de la instrumentalización de múltiples recursos políticos gracias a la fragmentación de los mismos en tanto no se encuentran igualmente en todos los grupos. Por otro lado, Lipsky (1968) insistía en la importancia de que la protesta política tiene para los grupos relativamente pobres en recursos políticos.  Esto establece la diferencia entre grupos extremadamente pobres y  otros relativamente pobres en función al criterio de organización, lo que vendría a ser el único recurso del cual disponen los primeros para constituirse en un actor político relevante.

Si consideramos este marco de análisis, la protesta política no solo produce inestabilidad política por el número de conflictos que desarrolla y la violencia que la mayoría de veces implica, sino que funciona como un mecanismo de aprendizaje político de lo que significa actuar en relación a un interés colectivo: la organización. Con frecuencia se considera que la crisis de representación proviene de la incapacidad de los partidos políticos para funcionar de acuerdo a las funciones que deben cumplir en una democracia.  Sin embargo, se hace poca referencia a la política popular que subyace a la protesta política como manifestación de un proceso más amplio de consenso alrededor de un interés y de superación de los obstáculos que implica emprender la acción colectiva. Así, el proceso organizativo que antecede a la protesta política supera el carácter episódico de la misma consolidando liderazgos y fortaleciendo espacios de interacción micropolítica.

Finalmente, los esfuerzos organizativos que constituyen el insumo fundamental del proceso contencioso que implica la protesta política, se encuentran en transición hacia la construcción de dinámicas regionales. Asimismo, esto debería representar un incentivo para repensar la política considerando que las estructuras políticas nacionales –incluso instituciones como el gobierno y los partidos–, no constituyen actores por nombre propio sino que descansan y dependen, entre otros factores, de su capacidad organizacional para articular y representar intereses colectivos eficientemente.

Referencias

Dahl, R. A. (2011). ¿Quién gobierna?: Democracia y poder en una ciudad estadounidense. Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas.

Lipsky, M. (1968). Protest as a political resource. The American Political Science Review, 62(4), 1144–1158. Retrieved from http://www.jstor.org/stable/1953909?origin=JSTOR-pdf

McAdam, D., Tarrow, S., & Tilly, C. (2005). Dinámica de la contienda política. Barcelona: Editorial Hacer.


[1] Con la categoría contienda política se hace referencia a la interacción entre actores colectivos en las que intervienen por lo menos un desafiador y el gobierno, producto de la cual los intereses de los actores en el sistema político se ven afectados como resultado de la reivindicación que ejecutan los primeros. Esta se torna transgresiva cuando la reivindicación es ejecutada por un actor recientemente constituido o cuando los repertorios empleados resultan innovadores o disruptivos (McAdam, Tarrow, & Tilly, 2005).

Publicado el junio 1, 2013 en Política Nacional y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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